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¿Cómo hackear la cultura y con qué fin?

2020.06.16 23:51 dipeck ¿Cómo hackear la cultura y con qué fin?

¿Cómo hackear la cultura y con qué fin?
“Crear relatos que agrieten los muros, que abran la imaginación para crear otros futuros posibles”. De esta manera se hackea al sistema. Al sistema hegemónico que ya previó tu futuro sin consultar, que hace de esta historia una línea recta sin alternativas, y que dicta cuál es tu lugar. Al sistema económico que se ha encargado de desvalorizar al ser humano. De esta manera se hackea al sistema social. Qué ha normalizado una cultura opresiva.
Hackeo Cultural (https://hackeocultural.org/) es un sitio web para las narrativas y reflexiones alternativas, y en palabras de sus autores (anónimos):
Creemos que el trabajo de tejer relatos puede ayudar a crear los nuevos sentidos comunes que emergen en estos momentos de crisis, donde se disputa la lógica de la vida cotidiana pero también los significados de nuestra existencia misma.
Así mismo creemos pertinente la difusión y colaboración con el hackeo cultural, por que defiende y da voz a todxs las voces. El texto Hackear la Pandemia v 1.1 Estrategias Narrativas en Tiempos del COVID-19 es parte de un ejercicio de este sitio web, donde se sintetizan las narrativas dominantes y cómo se han utilizado en esta pandemia. Así, también se analiza las narrativas alternativas que se han utilizado para hackear las narrativas de esta pandemia.
Este tiempo de encierro nos ha mostrado lo que en verdad les interesa a nuestros mandatarios y al sistema económico. Pues no les importa nuestra salud, nuestro entorno y mucho menos nuestra vida. Les interesa que la mano de obra siga manteniendo su máquina de dinero y lo han dejado muy claro a través de las instituciones políticas como lo es el gobierno en todas sus escalas (federal, estatal y municipal). Gobiernos de derecha e izquierda sólo se han preocupado por legitimar su discurso y esto se ve en las noticias del mundo. Buscan regresar a la normalidad, una normalidad que nos mantiene cautivos de nosotros mismos, como ya lo vislumbraba Foucault, las relaciones de poder van más allá de cualquier decisión personal. Sin embargo, es el sujeto individual el que comienza a crear su realidad como oprimido, opresor o disidente.
No obstante, las estructuras de poder persisten, y es deber de la mujer y el hombre conscientes romper con esta idea dualista de bienestar con la que crecimos. Para intereses de este artículo se revisaron noticias tanto nacionales como internacionales para demostrar a través de la praxis el hecho de que hay un discurso hegemónico dentro de esta pandemia y que más allá del bienestar común, busca la manera más eficiente de seguir cometiendo atropellos e injusticias contra la dignidad y los derechos humanos de gran parte de la población.
De igual manera se analiza el discurso alternativo que se ha dado a raíz de la pandemia. Como el espacio donde convergen todas las opiniones e inquietudes de los participantes en estos textos. Pero sobre todo donde surgen las nuevas alternativas de lo que será este mundo.
Para tener más claro de qué va hackeo cultural y como hackear la pandemia, enumeramos algunos ejemplos de narrativas hegemónicas y alternativas:
Ejemplos de Narrativas Hegemónicas
Las narrativas hegemónicas las podemos interpretar como la historia oficial y se identifican porque:

  1. Impera un discurso economicista
Cierre de la economía por Covid-19 convertirá a América Latina en la región más endeudada, más pobre y más hambrienta: CEPAL

Fuente: celag

TV Azteca a través de su sección de noticias emitió una nota llamada “Cierre de la economía por Covid-19 convertirá a América Latina en la región más endeudada, más pobre y hambrienta: CEPAL” donde se pronuncia la inevitable crisis económica que sufrirá América Latina posterior a la ya existente crisis provocada por el COVID-19. Culpabilizando a una pandemia del crecimiento de una crisis económica ya presente en América Latina. La noticia representa una narrativa hegemónica donde impera el discurso economicista.

  1. impone un estado de excepción / justifica la militarización
Jalisco decreta aislamiento social obligatorio, habrá sanciones para quien incumpla medidas
Caso de Giovanni López, uno de tantos de brutalidad policiaca

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Fuente: El Sol de Morelia
El Sol de Morelia en la noticia “Jalisco decreta aislamiento social obligatorio, habrá sanciones para quien incumpla medidas” representa las medidas sanitarias que fueron adoptadas por el gobierno estatal de Jalisco, en este caso pasando por encima de decretos oficiales Federales ante la contingencia sanitaria instaurada por el COVID-19. Estas medidas declaradas en comunicados oficiales alientan al individualismo que la sociedad por ya síntoma de la globalización sufre. La noticia al dar énfasis en las consecuencias que sufrirán las personas por no respetar las medidas de distanciamiento impulsa el discurso hegemónico de una militarización como estrategia de control social. La cual no funciona y ya se demostró con el caso de Giovanni en ese mismo estado a manos de la policía municipal por el delito de no usar cubrebocas.

  1. . Infunde miedo y pánico
Tras fallecimiento por COVID-19, hombres queman clínica en chiapas

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Fuente: El Universal
El periódico El Universal en la noticia “Tras fallecimiento por COVID-19, hombres queman clínica en Chiapas” nos relata una visión satanizada de la situación actual específicamente en el Estado de Chiapas ante el COVID-19. La nota muestra cómo es que la paranoia conlleva a las personas a actuar de una manera incoherente ante las instituciones de salud. Este escenario instaura en la población un miedo colectivo, además de señalar la ignorancia que presuntamente los pobladores de Chiapas poseen acerca del virus. Esta noticia se refiere a una narrativa hegemónica que infunde miedo y pánico, narrada desde un medio de comunicación hegemónico.
Ejemplos de Narrativas Alternativas
Desde la narrativa alternativa se plantean reflexiones y a través de ellas, planteamientos de soluciones a estos males que aquejan desde la raíz. La narrativa alternativa se puede identificar porque:

  1. Hackea el discurso del hogar y el statu Quo.
Una mirada global a la pandemia desde los movimientos sociales. Para no volver a la “normalidad”

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Fuente: Entrepueblos
La asociación Entre pueblos donde se hacen encuentros virtuales con la presencia de algunos especialistas para hablar sobre los que está pasando en nuestro alrededor y opinar al respecto. El jueves 23 de abril, se realizó un encuentro y el título de este fue Una mirada global a la pandemia desde los movimientos sociales- para no volver a la “normalidad” donde se menciona las medidas colectivas que distintos pueblos en movimiento en toda América Latina han tomado respecto a la pandemia.
“La pandemia de coronavirus no crea nuevas situaciones, sino que acelera y profundiza las que ya existían” - Raúl Zibechi

  1. Hackea discursos silenciadores de la crisis sistémica. Hackear la crisis climática
“Impacto de cambio climático será similar a efectos de covid-19”

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Fuente: Rebelión
En el medio alternativo Rebelión es cuestionada la situación actual desde una narrativa alternativa en la noticia “Impactó de cambio climático será similar a efectos de covid-19”.
La noticia describe la relación que existe ente el problema sobre el cambio climático y la actual crisis del COVID-19 y como es que las autoridades invisibilizan las verdaderas causas de una pandemia que está afectando a una población cegada, culpada de crear y reproducir un virus.

  1. Hackea los sistemas de opresión.
Educación en tiempos de Covid

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Fuente: Journalmex
En el canal de YouTube Mazehual Quintos a través de su video La educación en los tiempos del coronavirus visibiliza la ya marcada desigualdad educativa que ha perdurado en las escuelas rurales, narra la historia de 2 alumnos pertenecientes a 6° y 5° año de educación primaria, los niños acuden a asesoría a su escuela rural en busca de un maestro, pues el sistema educativo virtual para ellos no funciona, por lo tanto se ve implícita la situación actual de miles de estudiantes de todos los niveles educativos que no tienen acceso a un dispositivo móvil o a conexiones de internet, que aunado a su situación familiar, económica y social se suma una incapacidad educativa en la actual crisis sanitaria. De igual manera plantea al sistema educativo mexicano, como un sistema colonizador y enseña en sus videos desde esa perspectiva y dirigido al pueblo en general.
Para conocer más de estos temas, así como la lista completa de narrativas hegemónicas y alternativas puedes visitar el sitio https://hackeocultural.org/

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Las narrativas de la pandemia nos siguen diciendo que a los políticos solo les interesa sacar riqueza cueste lo que cueste ya sea destruir una selva, causando pánico en las personas o silenciándolas con uso de violencia. Los más pobres y vulnerables no necesitan sana distancia, necesitan empatía, apoyo médico y social.
En esta “nueva normalidad” fragmentada por la desconfianza sanitaria en el otro, donde la individualización y el éxito personal están por encima de los demás, es verdad que es necesario el aislamiento, pero no de espíritu y de mente. así que es importante regresar a las dinámicas sociales con otra manera de ver el mundo. Con una visión menos egoísta y unilateral.
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2020.03.12 19:02 HuachiBot [Megathread] Coronavirus #2

Prevención

En la actualidad no existe una vacuna para prevenir la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19). La mejor forma de prevenir la enfermedad es evitar la exposición a este virus. Sin embargo, como recordatorio, los Centros para el Control y Prevencion de Enfermedades (CDC) siempre recomiendan medidas preventivas cotidianas para ayudar a prevenir la propagación de enfermedades respiratorias. Estas medidas incluyen:
Fuente
Medidas de prevención para el sector educativo nacional

Síntomas

En los casos confirmados de la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19), las enfermedades reportadas han variado de tener síntomas leves a enfermedades graves, y hasta produjeron muertes. Los síntomas pueden incluir:
  • Fiebre
  • Tos
  • Dificultad para respirar
Los CDC creen, en este momento, que los síntomas del COVID-19 podrían aparecer en tan solo 2 días o hasta 14 días después de la exposición.
Fuente
Teléfono de atención para personas con síntomas: 800-0044-800

Cronología

Febrero de 2020

El 27 de febrero de 2020, Hugo López-Gatell Ramírez —Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud en México— informó que había un paciente hospitalizado en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), que había dado positivo en una primera prueba de laboratorio a COVID-19.​
Al día siguiente, el 28 de febrero, se confirmaron los primeros casos: un italiano de 35 años de edad y residente de la Ciudad de México; y un ciudadano de Hidalgo que se encontraba en Sinaloa. Ambos habían viajado recientemente a Italia.​ Por la noche del mismo 28 de febrero, se oficializó un tercer caso en la CDMX.​​ Estos últimos dos casos se trataron de compañeros de trabajo que se infectaron al estar en contacto con un italiano durante una convención llevada a cabo en Bérgamo.​ Ese mismo día, y tras cumplir con los requerimientos sanitarios de China, el gobierno de México repatrió a tres connacionales que se encontraban en Wuhan y los trasladó a Colombia.​
El cuarto caso se confirmó el 29 de febrero, y se trató de una joven de Coahuila de veinte años de edad que había realizado un viaje reciente a Milán, Italia.​ Gatell Ramírez señaló que «en este momento no hay razón científica o de salud pública para suspender actividades laborales y escolares, debido a que estamos en el escenario uno, que es trasmisión localizada en torno a los contactos. No hay trasmisión generalizada».​

Marzo de 2020

En marzo se han presentado los siguientes casos:
El 1 de marzo una joven de dieciocho años de edad que se encontraba estudiando en Italia junto con la joven de Coahuila confirmada el 29 de febrero, y que reside en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.​
El 6 de marzo un habitante del Estado de México de 71 años de edad que había viajado a Italia a finales del mes anterior.​
El 7 demarzo un hombre de 46 años de edad y residente de la Ciudad de México.​
El 11 de marzo se reportaron cuatro nuevos casos: dos en la Ciudad de México y uno en Querétaro, todos ellos pacientes que habían regresado de un viaje a España y cuyas edades oscilan entre los 30 y 41 años. El caso restante es una mujer de 64 años de edad, del Estado de México que recientemente había estado en territorio estadounidense.​​
El 12 de marzo otras cuatro infecciones se registraron en Querétaro, Puebla y Durango, todos ellos con edades superiores a los 30 años y con antecedentes de viaje a países europeos como España y Francia. Cabe señalar que uno de estos casos se propagó por contacto con una persona infectada.​
El 13 de marzo la cantidad de infectados se incrementó a 26 casos, además de confirmarse la investigación de otros casos sospechosos en distintos estados del país.​ Entre los confirmados como portadores asintomáticos se encuentra Jaime Ruiz Sacristán, presidente del Consejo Administrativo de la Bolsa Mexicana de Valores,​ al igual que otros ciudadanos en Durango, San Luis Potosí y Yucatán.​​​
Al día 14, se han confirmado en total 41 casos de coronavirus en el país,​ así como una segunda recuperación de un paciente infectado en el Estado de México.​ Hasta el momento, Campeche es el único estado del país en el que no se han presentado casos sospechosos o confirmados por COVID-19.​
El día 15 la cantidad de casos confirmados se incrementó a 56, a la vez que se dio a conocer el tercer caso de recuperación, ocurrido en Coahuila.​
El día 16 la cantidad de casos confirmados por parte de la Secretaría de Salud aumentó a 82. Posteriormente, los gobiernos estatales de Sonora y de Tamaulipas confirmaron sus primeros casos positivos por coronavirus, por lo que la cantidad de entidades federativas con presencia de coronavirus llegó a 19. ​
La cantidad de casos confirmados en el país superó el centenar el 18 de marzo, cuando se reportaron 118 casos, un incremento del 26 % con respecto al resultado del día anterior (93 casos el 17 de marzo). Si bien hasta entonces se habían registrado 787 casos negativos, todavía existían 314 sospechosos, además de casos de cuatro casos catalogados como «portadores» por asintomáticos en los estados de Jalisco, Edomex y Puebla.​​ Este mismo día, la Secretaría de Salud confirmó la primera muerte por COVID-19 en México.​
Fuente

Últimas Noticias

Epidemiología (Internacional)

País Casos Confirmados Fallecidos (%) Recuperados (%)
China 80,928 3,245 4.01% 70,420 87.02%
Italia 35,713 2,978 8.34% 4,025 11.27%
Irán 18,407 1,284 6.98% 5,710 31.02%
España 17,395 803 4.62% 1,107 6.36%
Alemania 13,744 42 0.31% 113 0.82%
EE. UU. 9,521 159 1.67% 108 1.13%
Francia 9,134 264 2.89% 602 6.59%
Corea del Sur 8,565 91 1.06% 1,947 22.73%
Suiza 3,438 33 0.96% 15 0.44%
Reino Unido 2,626 103 3.92% 65 2.48%
Japón 923 32 3.47% 191 20.69%
Brasil 529 4 0.76% 2 0.38%
Pakistán 384 2 0.52% 13 3.39%
Chile 342 0 0.0% 0 0.0%
Filipinas 217 17 7.83% 8 3.69%
Ecuador 168 3 1.79% 1 0.6%
México 118 0 0.0% 4 3.39%
Colombia 102 0 0.0% 1 0.98%
Argentina 97 3 3.09% 3 3.09%
Global 225,252 9,276 4.12% 85,826 38.1%
Fuente

Epidemiología (Nacional)

Estado Casos Confirmados Fallecidos (%) Recuperados (%)
Ciudad de México 24 1 4.17% 0 0.0%
Nuevo León 19 0 0.0% 0 0.0%
Puebla ​ 10 0 0.0% 0 0.0%
México 10 0 0.0% 1 10.0%
Yucatán 8 0 0.0% 0 0.0%
San Luis Potosí ​ 7 0 0.0% 0 0.0%
Querétaro 7 0 0.0% 0 0.0%
Jalisco 6 0 0.0% 0 0.0%
Quintana Roo 6 0 0.0% 0 0.0%
Guanajuato 4 0 0.0% 0 0.0%
Durango 3 0 0.0% 0 0.0%
Sonora 2 0 0.0% 0 0.0%
Baja California 2 0 0.0% 0 0.0%
Oaxaca 2 0 0.0% 0 0.0%
Guerrero 2 0 0.0% 0 0.0%
Tamaulipas 2 0 0.0% 0 0.0%
Veracruz 2 0 0.0% 0 0.0%
Sinaloa 2 0 0.0% 1 50.0%
Chiapas 1 0 0.0% 0 0.0%
Aguascalientes 1 0 0.0% 0 0.0%
Chihuahua 1 0 0.0% 0 0.0%
Tabasco 1 0 0.0% 0 0.0%
Colima 1 0 0.0% 0 0.0%
Coahuila 1 0 0.0% 1 100.0%
Total 124 1 0.81% 3 2.42%
Fuente

Recursos Adicionales

Este hilo es actualizado cada hora. Última actualización: 19-03-2020 a las 09:00:14
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2016.06.07 03:00 ShaunaDorothy Los imperialistas estadounidenses restablecen relaciones diplomáticas - ¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política obrera en Cuba! (Marzo de 2015)

https://archive.is/ozkKB
Espartaco No. 43 Marzo de 2015
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1059 (9 de enero), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Durante más de medio siglo, los imperialistas estadounidenses han intentado incansablemente derrocar la Revolución Cubana y restaurar el dominio del capital en la isla: desde la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961 hasta los constantes intentos de asesinar a Fidel Castro, y de las provocaciones terroristas de la CIA y los gusanos del exilio cubano hasta actos de sabotaje. Ahora la Casa Blanca de Obama ha anunciado su intención de “cambiar de curso” con Cuba y restaurar relaciones diplomáticas, es decir, busca conseguir el mismo fin estratégico a través de medios más efectivos. Fue a raíz de la expropiación por el gobierno de Castro de la clase capitalista de la isla en 1960, lo que trajo tan enormes conquistas para las masas cubanas, que Washington rompió relaciones con La Habana.
Lo que se propone es relativamente modesto: relajar diversas restricciones de viaje, autorizar algunas ventas y exportaciones comerciales y facilitar las transacciones bancarias entre los dos países. El paralizante embargo estadounidense, un acto de guerra económica que por décadas ha estrangulado a los obreros y campesinos cubanos, se afloja pero no se levanta. Obama dice que sin la aprobación del Congreso no puede derogar las leyes Torricelli y Helms-Burton. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991-92, lo que terminó con la crucial ayuda económica y militar a Cuba, estas leyes apretaron el embargo. Promulgadas bajo el demócrata Clinton, buscaban “desatar el caos en la isla”. ¡Abajo el embargo!
Desde el punto de vista de los marxistas revolucionarios, Cuba tiene derecho a establecer relaciones diplomáticas y económicas con cualquier país capitalista que desee, sobre todo para intentar superar el muy real problema de su estancamiento económico. Aumentar los vínculos comerciales y financieros con las corporaciones estadounidenses no significaría una restauración progresiva del capitalismo. Sin embargo, esto implicará un peligro muy real de fortalecer las fuerzas internas de la contrarrevolución capitalista en la isla.
Mientras tanto, la presencia de una base naval y centro de detención y tortura estadounidense en la Bahía de Guantánamo —donde hay unos 130 prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU.— es un recordatorio de que Cuba sigue en la mira militar del imperialismo. Aunque el año pasado fueran liberadas decenas de prisioneros, Obama no está dispuesto a cerrar ese calabozo, ni mucho menos a devolver Guantánamo a Cuba. ¡Estados Unidos fuera de Guantánamo ahora!
El deshielo en las relaciones entre los dos países se dio tras más de un año de negociaciones, albergadas por el gobierno canadiense e impulsadas por el Vaticano. Como los anteriores directores generales del imperialismo estadounidense, Obama tiene con respecto a Cuba intenciones abiertamente revanchistas. Bajo su presidencia, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) —notoria por haber trabajado con la CIA desde principios de los años 60— ha fraguado diversos planes contrarrevolucionarios para sembrar descontento proimperialista en la isla. Una conspiración reciente incluía la infiltración de grupos clandestinos de hip-hop cubanos con la intención de detonar un movimiento juvenil contra el régimen.
Como parte del reciente acuerdo, Obama liberó a los últimos tres de los Cinco Cubanos que seguían bajo custodia tras haber sido condenados en 2001 bajo cargos falsos de espionaje y conspiración para cometer asesinato. La libertad de los Cinco Cubanos, hombres que heroicamente intentaban impedir actos terroristas en Cuba infiltrando y monitoreando a los grupos de cubanos exiliados en Florida, debe celebrarse. A cambio, el presidente cubano Raúl Castro devolvió a dos espías estadounidenses, el ex agente de inteligencia cubano Rolando Sarraff Trujillo —quien facilitó el arresto y la incriminación de los Cinco Cubanos— y el contratista de la USAID Alan Gross, quien fuera enviado a Cuba para introducir de contrabando equipo de cómputo y comunicación para espionaje.
La Liga Comunista Internacional siempre ha luchado por la defensa militar incondicional de Cuba frente a la amenaza de la contrarrevolución capitalista interna y el ataque imperialista. Esto fluye de nuestro entendimiento de que Cuba es un estado obrero donde el capitalismo fue derrocado. Sin embargo, desde su origen ha estado burocráticamente deformado, es decir, una burocracia parasitaria monopoliza el poder político. La base material de esta burocracia es la administración de la economía colectivizada en condiciones de escasez.
La eliminación de la producción para la ganancia, junto con el establecimiento de una planificación central y el monopolio estatal del comercio y la inversión exteriores, le permitió a Cuba garantizar a todos empleo, vivienda y educación. Hasta la fecha, Cuba tiene uno de los índices de alfabetización más altos del mundo y una tasa de mortandad infantil inferior a la de Estados Unidos o la Unión Europea. Su célebre sistema de salud, con más médicos per cápita que los de cualquier otro lugar, ofrece gratuitamente atención médica de calidad superior a la de muchos países avanzados. Los médicos cubanos han salvado vidas en todo el mundo y regularmente se les envía a ayudar a las víctimas de desastres, incluyendo la crisis del ébola en África. Es un testimonio de la superioridad de la economía colectivizada el que una isla pequeña y relativamente pobre haya sobrevivido por tanto tiempo bajo las paralizantes sanciones económicas y provocaciones militares de la bestia estadounidense, a menos de 150 kilómetros de sus costas.
En su discurso del 20 de diciembre donde anunció a la Asamblea Nacional de Cuba el reacercamiento con Estados Unidos, Raúl Castro advirtió contra las “terapias de choque” o la aceleración de las privatizaciones como recurso para revivir la estancada economía del país, lo que, dijo, significaría “arriar las banderas del socialismo”. Pero el socialismo es una sociedad igualitaria y sin clases basada en la abundancia material a escala internacional. Mientras un estado obrero esté aislado, se verá sujeto a la enorme presión del mundo capitalista circundante, presión que lo socavará y terminará por destruirlo. El destino de Cuba y su avance al socialismo dependen de la lucha por el poder proletario en toda Latinoamérica y el resto del mundo, especialmente en Estados Unidos.
Desde el principio, la política de la burocracia castrista de La Habana ha demostrado ser un obstáculo a esta perspectiva. Siguiendo los pasos de la burocracia estalinista de la antigua Unión Soviética, el régimen cubano se comprometió con el dogma nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”. Esto ha significado oponerse a las posibilidades de revolución fuera de la isla. A principios de los años setenta, Fidel Castro abrazó al gobierno de frente popular de Chile encabezado por Salvador Allende, cuyo propósito era decapitar la amenaza de una revolución obrera y desarmar políticamente al combativo proletariado, pavimentando el camino al sangriento golpe de estado militar de Pinochet. Una década después, cuando los pequeñoburgueses sandinistas de Nicaragua derrocaron a la opresiva dictadura de Somoza haciendo añicos al estado capitalista, Fidel les aconsejó que no siguieran el camino cubano de expropiar a la burguesía. Los castristas siempre han promovido regímenes nacionalistas burgueses, lo que incluye la glorificación del fallecido caudillo populista venezolano Hugo Chávez como un supuesto revolucionario.
Así, la defensa de la Revolución Cubana está directamente ligada al llamado trotskista por una revolución política proletaria que derroque a la burocracia castrista y ponga en el poder a la clase obrera, estableciendo un régimen basado en la democracia obrera y el internacionalismo revolucionario. Esto requiere forjar un partido de vanguardia leninista-trotskista que movilice a las masas trabajadoras cubanas en lucha.
Depredaciones imperialistas y “reformas de mercado”
Como era de esperarse, el relajamiento de las restricciones respecto a Cuba enfureció al nido de víboras anticomunistas del exilio cubano y sus criaturas, como el senador de Florida Marco Rubio. En cambio, fue celebrado por vastos sectores de la burguesía, incluyendo a la patronal Cámara de Comercio y a los voceros de los medios de comunicación capitalistas. En los últimos meses, el New York Times ha llamado repetidas veces a levantar el embargo. Considerando contraproducente y anticuada la beligerante política estadounidense, una editorial de la revista Forbes (16 de enero de 2013) señaló: “Tiene poco sentido mantener un embargo permanente sobre una nación en desarrollo que avanza hacia la reforma, especialmente cuando los aliados de Estados Unidos son hostiles al embargo. Impide que cobre vida una discusión más amplia sobre una reforma inteligente en Cuba y económicamente carece de sentido”.
El gobierno de Obama ha proclamado que desea una Cuba “democrática, próspera y estable”, lo que para él significa devolver a la isla a su estatus neocolonial mediante la restauración del capitalismo, introducir inversiones redituables para los gobernantes de EE.UU. basadas en la mano de obra barata e instalar un régimen político dócil. Los capitalistas europeos y canadienses han podido penetrar en el mercado cubano mediante su participación en empresas mixtas y esperan inundar el país con importaciones baratas. Varias corporaciones de la Fortune 500, incluyendo a Caterpillar, Colgate-Palmolive y Pepsico, temen haberle cedido este mercado a sus competidores.
Es mucho lo que está en juego: en última instancia, o la única economía socializada de Latinoamérica triunfa mediante la extensión internacional de la revolución, o la contrarrevolución capitalista convierte nuevamente a Cuba en el patio de juegos de la burguesía estadounidense. En La revolución traicionada (1936), el dirigente revolucionario marxista León Trotsky describió la situación que enfrentaba el estado obrero degenerado soviético, es decir, aquella de verse rodeado por economías capitalistas más avanzadas industrial y tecnológicamente. Trotsky escribió: “Pero en sí misma, la pregunta ¿quién triunfará?, no solamente en el sentido militar de la palabra, sino ante todo, en el sentido económico, se le plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. La introducción de mercancías a bajo precio, viniendo tras los ejércitos capitalistas, sería infinitamente más peligrosa”. Esta observación es relevante con respecto a los peligros que Cuba enfrenta hoy.
Durante treinta años, Cuba se benefició de grandes subsidios soviéticos. En la última década, se ha apoyado mucho en la Venezuela capitalista como su principal socio comercial, obteniendo de ella petróleo barato. Pero esta situación es precaria, pues la propia Venezuela enfrenta una grave crisis como consecuencia de la caída mundial de los precios del petróleo, está acosada por la inflación y recientemente fue golpeada por nuevas sanciones vengativas de Estados Unidos.
Cuba nunca se recuperó del todo de la severa crisis que sufrió tras la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Desde el llamado “Periodo Especial” de principios de los años noventa, la burocracia cubana ha abierto el país a la penetración económica imperialista, entregando a través de “reformas de mercado” sectores de la economía colectivizada a empresas privadas a pequeña escala. Ésta y otras medidas, como alentar el autoempleo en el sector de servicios y conceder mayor autonomía a las empresas públicas, han aumentado la desigualdad en la isla. Los cubanos negros, quienes obtuvieron grandes conquistas de la revolución, se han visto particularmente golpeados, pues tienen menos oportunidad de acceder a las divisas, ya sea recibiendo remesas del exterior u ocupando empleos en el sector turístico.
Cuba tiene hoy una considerable inversión imperialista y aspira a tener más. A 50 kilómetros de La Habana, en el puerto profundo de Mariel, el gobierno cubano está permitiendo la construcción de una zona económica especial de “libre comercio”, capaz de recibir a los buques cargueros más grandes del mundo. Brasil ya ha destinado casi mil millones de dólares al proyecto. Ahora que se ha planteado la renovación del comercio con Estados Unidos, repetimos nuestra advertencia de que ese acontecimiento “subraya la importancia del monopolio estatal [cubano] sobre el comercio exterior —es decir, un estricto control gubernamental sobre las importaciones y las exportaciones”— (“Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El régimen cubano ha restablecido lazos y promovido a la reaccionaria Iglesia Católica en la isla, un potencial caldo de cultivo de la contrarrevolución capitalista. Tanto Obama como Castro aplaudieron al papa Francisco por su papel en las negociaciones. Este papa jesuita le ha dado al Vaticano un poco de cirugía cosmética, proponiendo hacer la iglesia más incluyente (aunque sin dejar de oponerse testarudamente al aborto y la ordenación de mujeres) y predicando contra la “tiranía” del capitalismo, aunque sus intenciones no son menos siniestras que las de sus predecesores.
El Vaticano es tristemente célebre por haber apoyado las dictaduras militares latinoamericanas y promovido la restauración del capitalismo bajo el disfraz de elecciones supuestamente libres y reformas “democráticas”. El cardenal cubano Jaime Ortega —quien fue confinado en un campo de detenidos durante los primeros años de la revolución cuando se quebró el dominio de la iglesia— es, junto con el papa Francisco, uno de los mayores promotores de esas reformas en la isla. En 1998, Fidel recibió con entusiasmo al papa Juan Pablo II, y en 2012 a Benedicto XVI. En todo el país hay fotos y monumentos conmemorando el encuentro entre Castro y Juan Pablo, santo patrón de las contrarrevoluciones, quien tan arduamente trabajó por restaurar el capitalismo en los estados obreros deformados de Europa Oriental, especialmente en su natal Polonia.
Defendiendo a Cuba en la encrucijada
Las fuerzas guerrilleras que entraron en La Habana en 1959 bajo la dirección de Fidel Castro eran un grupo pequeñoburgués políticamente heterogéneo. Su victoria no sólo derribó al odiado régimen de Batista, sino que hizo añicos todo el viejo aparato estatal. El nuevo gobierno llevó a cabo una serie de reformas liberales, pero la redistribución agraria y las medidas tomadas contra los torturadores de Batista asustaron a los partidarios burgueses de Castro, quienes empezaron a huir a Miami. Estas medidas también alarmaron a Washington, el cual emprendió una acción punitiva que obligó a Castro a firmar un tratado comercial con la Unión Soviética. El que las refinerías de propiedad imperialista se negaran a refinar el crudo soviético provocó que Cuba nacionalizara las propiedades estadounidenses, a las que siguieron todos los bancos y negocios en octubre de 1960, lo que liquidó a la burguesía cubana como clase. Hoy, las corporaciones como la United Fruit, Standard Oil y Texaco están salivando ante la posibilidad de obtener compensaciones por las nacionalizaciones que sufrieron hace medio siglo.
Lo mejor que pudo surgir de la Revolución Cubana —en ausencia de la toma del poder por el proletariado dirigido por un partido revolucionario de vanguardia— fue la creación de un estado obrero deformado. Explicando cómo fue que un movimiento guerrillero basado en el campesinado pudo derrocar el dominio capitalista, en la “Declaración de principios”, adoptada en la Conferencia de Fundación de la Spartacist League en 1966, escribimos:
“Movimientos de esta índole pueden bajo ciertas condiciones —es decir, la desorganización extrema de la clase capitalista en el país colonial y la ausencia de una clase obrera que luche por derecho propio por el poder social— destruir las relaciones de propiedad capitalista. Sin embargo no pueden llevar a la clase obrera al poder político. Al contrario crean regímenes burocráticos antiobreros que suprimen todo desarrollo ulterior de estas revoluciones hacia el socialismo”.
—“Declaración de principios de la Spartacist League”, Cuadernos Marxistas No. 1
Esta revolución no hubiera sobrevivido si la Unión Soviética no hubiera aportado un contrapeso militar al imperialismo y un salvavidas a la economía cubana. Hoy, cuando no hay nada parecido a esa ayuda, no existe más la ventana histórica que permitió que fuerzas pequeñoburguesas crearan un estado obrero deformado.
La lucha por defender y extender la Revolución Cubana ha sido un distintivo de nuestra tendencia desde su origen como la Revolutionary Tendency (RT, Tendencia Revolucionaria), una minoría dentro del Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista) estadounidense. La mayoría del SWP equiparaba al régimen de Castro con el gobierno revolucionario bolchevique de Lenin y Trotsky. Al hacerlo, los líderes de la mayoría del SWP rechazaban abiertamente tanto la necesidad de un partido leninista-trotskista que aportara una dirección revolucionaria, como la centralidad del proletariado en la lucha por la revolución socialista.
Habiendo perdido la esperanza en esa perspectiva, el SWP elogió acríticamente a la burocracia castrista. En enero de 1961 el SWP adoptó las “Tesis sobre la Revolución Cubana” de Joseph Hansen, las cuales declaraban que Cuba había “entrado a la fase de transición a un estado obrero, aunque todavía no poseía las formas de la democracia obrera”.
Más de medio siglo después, nuestro análisis y programa trotskistas han resistido la prueba del tiempo. Los que ayer eran porristas de la burocracia castrista se han hecho más viejos, pero no más sabios. En un artículo fechado el 23 de diciembre y publicado en counterpunch.org, Jeff Mackler, el principal mandamás de Socialist Action (SA, Acción Socialista), un retoño del reformista SWP, poseído por el fantasma de Hansen, escribe: “Aunque a Cuba todavía [¡!] le faltan las instituciones formales y vitalmente necesarias de la democracia obrera,...la actual dirigencia cubana no se ha convertido en una casta endurecida cuyos intereses sólo puedan defenderse mediante la represión”.
De hecho, la casta burocrática encabezada por los Castro siempre ha excluido a la clase obrera del poder político, usando la represión y la ideología del nacionalismo para mantener a los obreros y campesinos cubanos atomizados y políticamente pasivos. El régimen de Castro no sólo encarcela disidentes que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense, también reprime a oponentes prosocialistas, incluyendo a militantes como los trotskistas en los años sesenta. Esto ilustra la naturaleza inherentemente contradictoria de la casta burocrática estalinista, la cual se equilibra entre la burguesía imperialista, por un lado, y la clase obrera, por el otro.
Mackler hace hasta lo imposible para presentar al “equipo Castro” como los grandes custodios del socialismo. Elogia las reformas de mercado de la burocracia —que, según él, “dentro del marco de los ideales socialistas, buscan hacer más eficiente la economía cubana”— y grazna absurdamente que estas reformas fueron “presentadas para su discusión, debate y modificación” a “millones de cubanos” antes de llevarse a la práctica.
Las reformas orientadas al mercado son un intento de responder al estancamiento económico dentro del marco del control burocrático estalinista de la economía. Como escribimos en el artículo: “For Central Planning Through Soviet Democracy” (Por una planificación central mediante la democracia soviética, WV No. 454, 3 de junio de 1988):
“La economía planificada...sólo puede ser eficaz cuando los obreros, la intelectualidad técnica y los gerentes se identifican con el gobierno que emite los planes...
“Dentro del marco del estalinismo, hay una tendencia inherente a remplazar la planificación y la administración centrales con mecanismos de mercado. Dado que los gerentes y los obreros no pueden ser sometidos a la disciplina de la democracia de los soviets (consejos obreros), la burocracia tiende a ver cada vez más la sujeción de los actores económicos a la disciplina de la competencia de mercado como la única respuesta a la ineficiencia económica”.
Los consejos obreros no son sólo otras “formas” de poder proletario, sino que son esenciales para la operación racional de una economía planificada y socializada.
Mackler sostiene también que los “esfuerzos humanitarios” que Cuba lleva a cabo en el exterior son testimonio de “una orientación revolucionaria y socialista que continúa”. Muchas de las intervenciones internacionales de Cuba han sido ciertamente heroicas, especialmente cuando el país envió a África en los años setenta miles de efectivos para ayudar a Angola a defender su recién conquistada independencia de Portugal contra fuerzas locales reaccionarias apoyadas por el imperialismo estadounidense y la Sudáfrica del apartheid. Sin embargo, el objetivo de los estalinistas cubanos no fue nunca ayudar en el derrocamiento del capitalismo en África; su intervención expresaba su apoyo político a los nacionalistas burgueses angoleños a cuyo lado luchaban. Incluso estando en la mira de las armas estadounidenses, la intención de Fidel Castro fue siempre una “détente” [distención] a través del ala “progresista” del imperialismo estadounidense, es decir, el Partido Demócrata.
Mientras los falsos trotskistas como SA se deshacen en elogios a los estalinistas cubanos, en otras partes se unen a las cruzadas anticomunistas por la “democracia” del imperialismo. SA se alió con los peores enemigos de la Revolución Cubana al defender a las fuerzas capitalistas-restauracionistas que se movilizaron contra el estado obrero degenerado soviético en los años ochenta, incluyendo al “sindicato” contrarrevolucionario polaco Solidarność, el favorito del papa Juan Pablo II.
Otros seudosocialistas se oponen al régimen de Castro desde el punto de vista de una virulenta hostilidad anticomunista al estado obrero cubano mismo. Ese es el caso de la estadounidense International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), los primos desheredados de la tendencia internacional de Tony Cliff. Los cliffistas son conocidos por haber descartado a Cuba, junto con China y todo el antiguo bloque soviético de Europa del Este, como “regímenes capitalistas de estado” que “no tienen nada que ver con el socialismo”.
Escribiendo en la revista Jacobin (22 de diciembre), Samuel Farber, quien publica frecuentemente en la prensa de la ISO, celebró el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos como una “importante conquista del pueblo cubano”. Según Farber, quien seguramente obtiene sus criterios del Departamento de Estado de EE.UU., ese acuerdo “puede mejorar los estándares de vida de los cubanos y ayudar a liberalizar las condiciones de su opresión política y su explotación económica, aunque no necesariamente a democratizarlas”. Para Farber, Cuba no es más que otro estado sujeto a la “explotación” capitalista, aunque difiere de Estados Unidos por su falta de “democracia”.
Los revolucionarios de Estados Unidos tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y del rapaz imperialismo estadounidense. Esto no puede reducirse a la cuestión de preservar la cultura cubana única ni a simplemente bloquear las incursiones de los monopolios imperialistas a la isla. El futuro de las masas cubanas —ligado al de la liberación de cientos de millones de trabajadores de América Latina y vinculado a la lucha por la emancipación de los explotados y los oprimidos en las entrañas del monstruo estadounidense— es una cuestión de clase. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario en Estados Unidos como sección de una Cuarta Internacional trotskista reforjada. Un partido así imbuiría a la multirracial clase obrera estadounidense con el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es una parte integral de su propia lucha contra sus gobernantes capitalistas y por la revolución socialista mundial.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/43/cubana.html
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2016.06.02 12:32 ShaunaDorothy Trotskismo vs. castrismo - A 50 años de la Revolución Cubana: ¡Defender a Cuba! ( 2 - 2 ) (Invierno de 2008-2009)

https://archive.is/rhukp
La lucha por la democracia obrera
El SWP y el S.U. fueron abiertos apologistas de la represión del gobierno de Castro contra la clase obrera e izquierdistas cubanos, incluyendo a los trotskistas. El SWP y el S.U. hicieron borrosa la diferencia cualitativa entre un estado obrero sano, en el cual la clase obrera posee el poder político, y uno deformado, en el que el poder político está en manos de una burocracia. Aunque en muy raras ocasiones dirigentes del SWP como Joseph Hansen reconocieron que las “formas de la democracia obrera” estaban ausentes, esto era visto como una pequeña imperfección, y en cualquier caso la “dinámica objetiva” obligaría “inevitablemente” a los castristas a ver la luz. Esto se reflejó en una declaración de Adolfo Gilly, un partidario de los pablistas mexicanos. Mientras afirmaba que “Cuba se ha visto influenciada por los métodos burocráticos y la falta de participación de los trabajadores que existen en otros países socialistas”, Gilly igual excusaba a la burocracia concluyendo que “no hay país alguno hoy donde haya mayor democracia que en Cuba” y que “es la presión desde abajo la que es decisiva en cada paso y la que termina por imponerse, ampliando así la senda misma de la Revolución Cubana” (Monthly Review, octubre de 1964). Bueno, ¡ya han pasado más de 40 años y aún seguimos esperando!
Convenientemente, el SWP y el S.U. trataron de echar toda la culpa del burocratismo estalinista a los cuadros del PSP, presentando particularmente a Castro y Guevara como “trotskistas inconscientes”. Por su parte, Socialist Action (febrero de 2008) afirma que “el Ché fue motivado por su concepto de la revolución permanente cuando dejó Cuba decidido a contribuir con la creación de ‘dos, tres, muchos Vietnams’.” Peter Taaffe, líder del Comité por una Internacional Obrera, afirmó recientemente que “Castro niega deliberadamente —de manera muy errónea, tal como Celia Hart ha indicado— que el Ché Guevara tuviera ‘simpatías trotskistas’.” Castro debe de saber. En su autobiografía (escrita con Ignacio Ramonet), Castro respondió a una pregunta del entrevistador sobre Guevara: “nunca le oí hablar realmente de Trotsky. Él era leninista y, en cierta forma, reconocía hasta algunos méritos de Stalin. En realidad, bueno, la industrialización y algunas de esas cosas” (Fidel Castro, biografía a dos voces, 2006).
Aunque Guevara haya sido un personaje valeroso que murió luchando por sus ideales, su guerrillerismo basado en el campesinado estaba en contraposición al leninismo y a la revolución permanente de Trotsky, que se basa en el internacionalismo proletario. Como explicamos en “La mística de la vía guerrillera” (WV No. 630, 6 de octubre de 1995):
“A pesar del espíritu revolucionario del grito de batalla contra el imperialismo de Guevara, su llamado por una guerra de guerrillas basada en el campesinado fue, desde muchos ángulos, un categórico rechazo del marxismo, del leninismo y de la lucha proletaria por el poder... Su programa político era fundamentalmente elitista en tanto que rechazaba abiertamente la necesidad de que los obreros expresen su voz y su poder a través de sus propios órganos clasistas, como los consejos obreros (soviets). Por el contrario, se suponía que las masas se iban a someter a la dirección de un grupo de intelectuales radicales pequeñoburgueses convertidos en guerrilleros que se autoproclamó y partió al monte.”
Debido a sus números, su ubicación en los centros urbanos de finanzas y manufactura, así como su posición estratégica con las manos puestas sobre los medios de producción, donde la experiencia común de los trabajadores crea la solidaridad y la organización, únicamente el proletariado tiene el poder social y el interés de clase para derrocar al capitalismo. Como una masa de pequeños productores de mercancías, el campesinado es una capa pequeñoburguesa cuyas condiciones de existencia dan origen a perspectivas estrechas. Su estrato inferior, los campesinos sin tierra, está más cercano a la clase obrera, mientras que su estrato superior está más inclinado hacia la burguesía. Su trabajo productivo se basa en la propiedad privada de parcelas de tierra; los campesinos no tienen un modo de producción independiente. El campesinado sigue al proletariado o a la burguesía.
Bajo las circunstancias más favorables que se puedan concebir, el campesinado pequeñoburgués sólo fue capaz de crear un estado obrero burocráticamente deformado. Con la destrucción del estado obrero degenerado de la Unión Soviética y, por consiguiente, sin un salvavidas disponible contra el cerco imperialista, la estrecha ventana histórica en la que las fuerzas pequeñoburguesas fueron capaces de derrocar el dominio capitalista en su territorio se ha cerrado en este periodo.
Guevara era despectivo con respecto a la democracia obrera. En su ensayo “El papel del partido marxista-leninista”, afirmó que los dirigentes guerrilleros en “las montañas” eran “ideológicamente proletarios”, mientras que aquellos en “los llanos” (es decir, en las ciudades) eran pequeñoburgueses. De lo anterior concluyó que “el Ejército Rebelde es el representante genuino de la revolución que triunfa”. La política de Guevara fue una vertiente particularmente idealista y voluntarista del estalinismo. En “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965), sostuvo que la productividad de los trabajadores podría ser estimulada mejor a través de “incentivos morales” en lugar de incentivos materiales; desechó el deseo de los trabajadores de un nivel de vida digno, tachándolo de burgués. Rechazando una perspectiva proletaria revolucionaria internacionalista, Guevara aceptó el marco de “construir el socialismo” en una isla pequeña, pobre y asediada. Los trotskistas comprendemos que sólo la expansión de la revolución a los países capitalistas avanzados puede resolver el problema de la escasez material. Guevara explícitamente caracterizó la formación de la Oposición de Izquierda por Trotsky en contra de la usurpación política de la revolución por Stalin como “contrarrevolucionaria”.
El que una burocracia gubernamental sólo estuviera en proceso de formación hizo que Cuba inicialmente se encontrara más abierta a la intervención de trotskistas que en otros estados obreros deformados. Esto se reflejó en el hecho de que a un grupo trotskista se le permitió funcionar por un periodo. Tanto las milicias como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y los sindicatos tenían una base de masas. Se trataba de una apertura transitoria, pero que tenía que ser puesta a prueba. La RT dio así una formulación transitoria al programa de revolución política para Cuba, al llamar por “poner a los ministros de gobierno bajo la responsabilidad de las organizaciones democráticas de obreros y campesinos y hacerlos sustituibles por esas mismas organizaciones”.
Un parteaguas en el endurecimiento de la burocracia fue la detención de miembros de la organización trotskista cubana, el Partido Obrero Revolucionario (POR), parte de una tendencia internacional dirigida por Juan Posadas. En mayo de 1961, el gobierno de La Habana embargó el periódico del POR, Voz Proletaria, y destruyó las placas de impresión para una edición de La revolución permanente de Trotsky. En noviembre de 1963, cinco miembros dirigentes del POR fueron detenidos. Se les acusó de distribuir un periódico ilegal, de llamar por el derrocamiento del gobierno y de ser críticos contra Fidel Castro. Fueron sentenciados a condenas de hasta nueve años de prisión; al final, pasaron un año y medio o menos en la cárcel. Guevara fue confrontado con respecto a las detenciones por un partidario espartaquista durante un viaje a Cuba en 1964. Nuestro camarada señaló que las críticas de quienes defienden incondicionalmente la Revolución deben ser manejadas políticamente, en lugar de suprimir puntos de vista. Guevara respondió:
“Estoy de acuerdo con su declaración, pero los trotskistas cubanos no están dentro de la Revolución, son sólo ‘divisionistas’... No voy a decir que son agentes de la CIA —no lo sabemos—. No tienen historial de apoyo a la revolución.”
—“¡Libertad para los trotskistas cubanos!”, Spartacist (Edición en inglés) No. 3, enero-febrero de 1965
Se trataba de una calumnia deliberada. Los miembros del POR arrestados participaron en todas las actividades de la Revolución antes de 1959, cuando los estalinistas aún estaban a la espera de ver quién ganaría. Andrés Alfonso luchó desde la clandestinidad contra Batista, mientras que Ricardo Ferrera había luchado del lado del Ejército Rebelde desde los 16 años. El POR incluía miembros de los sindicatos, los CDRs y de las milicias que se movilizaron para defender a Cuba durante la crisis de los misiles en octubre de 1962. Guevara, el “trotskista inconsciente”, era en realidad un perseguidor consciente de trotskistas; atacó a los camaradas del POR en varias ocasiones en 1961 como parte de su impulso de lograr un solo partido unificado (estalinista) en Cuba.
A pesar de las diferencias políticas, la tendencia espartaquista fue la primera —fuera de los mismos posadistas— en defender a los trotskistas cubanos y llevar su caso a la atención mundial. Como buenos lamebotas de los castristas, los dirigentes del SWP no mencionaron una palabra acerca de los arrestos hasta después de que los miembros del POR fueron liberados, tras haber firmado una declaración capitulatoria en que aseguraban que disolverían su organización. El trato despreciable hacia los trotskistas cubanos de parte del SWP y otros hizo recordar el silencio de los pablistas con respecto al encarcelamiento de los trotskistas chinos por Mao años antes.
¡Por el internacionalismo proletario!
Uno de los principios básicos de la revolución permanente —y una línea divisoria profunda entre el trotskismo y el estalinismo— es la necesidad de extender la revolución en un país semicolonial hacia el mundo capitalista avanzado. Esto se deriva de la comprensión de la necesidad de una economía planificada al nivel internacional, incluyendo necesariamente a las sociedades más avanzadas económicamente. Los estados obreros se ven amenazados no sólo por la intervención militar imperialista, sino incluso de manera más crucial por la penetración económica imperialista y el nivel de productividad cualitativamente más alto en los países capitalistas avanzados.
Lenin afirmó: “En tanto que el capitalismo y el socialismo existan uno al lado del otro, no habrá paz alguna para nosotros. El uno o el otro triunfará en el largo plazo. Habrá una marcha fúnebre, ya sea para la República Soviética o para el capitalismo mundial” (citado en Historia de la Revolución Rusa de Trotsky). La catastrófica caída de la Unión Soviética, socavada por décadas de traición y mala administración estalinista, confirmó lo estéril de intentar construir el “socialismo en un solo país”. ¡Cuánto más se aplica todo esto a la pequeña Cuba!
Las nacionalistas burocracias estalinistas buscan sus propios acuerdos con los imperialistas, incluso al precio de otros estados obreros (como se reflejó con la escisión sino-soviética en los años 60). A cambio de la ayuda económica y militar soviética, Castro generalmente apoyó la política del Kremlin al nivel internacional. Pero el dirigente soviético Nikita Jruschov dejó perfectamente clara su voluntad de llegar a un trato por separado con el imperialismo de EE.UU. a costa de Cuba durante la crisis de los misiles en 1962, cuando, en respuesta a las amenazas de EE.UU., se retiraron los misiles soviéticos de Cuba. Una declaración de la RT en el momento denunciaba “el papel contrarrevolucionario” de los “burócratas del Kremlin” en la crisis de los misiles en Cuba y afirmó: “La falsa política de la dirigencia castrista, su bloque político con los estalinistas, ha socavado enormemente esta defensa” (“Declaración sobre la crisis cubana”, 30 de noviembre de 1962, reimpreso en Marxist Bulletin No. 3, I parte).
Contrario al mito propagado por muchos izquierdistas, la línea cubana no era más “internacionalista” cuando Guevara estaba vivo. Así, la delegación cubana a la conferencia de Punta del Este (Uruguay) en 1961, encabezada por el Ché Guevara, ofreció distensión a los imperialistas estadounidenses. Tal como menciona John Gerassi en The Great Fear in Latin America [El gran temor en América Latina] (1965), Guevara dijo: “No podemos prometer que no exportaremos nuestro ejemplo, como nos lo pide Estados Unidos, porque un ejemplo es cuestión de espíritu y un elemento espiritual puede cruzar las fronteras. Pero garantizaremos que no habrá envío de armas cubanas para ser usadas en la lucha de ningún país latinoamericano.”
El patrocinio del gobierno cubano a la guerra de guerrillas en algunas zonas de América Latina, principalmente en los años 1964-67, fue de hecho bastante selectivo. Los castristas apoyaron distintos regímenes “democráticos” nacionalistas burgueses en América Latina que imaginaron serían un contrapeso a los imperialistas. La política exterior de Cuba sigue la lógica del “socialismo en un solo país” de Stalin, es decir, se opone a la revolución internacional con la esperanza de apaciguar la hostilidad imperialista, al tiempo que impulsa regímenes capitalistas dispuestos a ser “amigos” del estado no-capitalista propio de los estalinistas. En particular, Castro apoyó los regímenes nacionalistas de Jânio Quadros y João Goulart en Brasil a comienzos de los años 60. En 1969, Castro saludó a la junta militar peruana como “un grupo de oficiales progresistas que desempeñan un papel revolucionario”.
Sin embargo, la mayor traición vino con el apoyo político de Fidel a la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile. Repudiando la necesidad de una revolución en favor de la “vía parlamentaria al socialismo”, Castro dijo en 1971 que “nunca hubo contradicción alguna entre los conceptos de la Revolución Cubana y el camino seguido por el movimiento de izquierda y los partidos obreros en Chile”. La coalición de Allende con partidos capitalistas chilenos, el frente popular, desarmó políticamente a la clase trabajadora, a la cual se le pidió que depositara su confianza en el ejército “constitucionalista” y la burguesía “democrática”. El resultado de esta traición fue el sangriento golpe militar de Pinochet del 11 de septiembre de 1973 y la masacre de más de 30 mil sindicalistas, izquierdistas y otros.
Cuando las masas nicaragüenses aplastaron la dictadura de Somoza en 1979, el estado capitalista fue hecho añicos, y se abrió la posibilidad de una revolución social. Nosotros dijimos: “¡Defender, completar y extender la revolución nicaragüense!” Sin embargo, Castro aconsejó al gobierno sandinista en ese momento: “Eviten los errores iniciales que al principio cometimos en Cuba, el rechazo político del Occidente, los ataques frontales prematuros a la burguesía, el aislamiento económico.” Bajo una “economía mixta” y la presión de los “contras” apoyados por la CIA, la burguesía nicaragüense fue capaz de revalidar su control una década más tarde, derrotando a la revolución.
Hoy es el caudillo capitalista Hugo Chávez, en Venezuela, a quien Castro promueve como el nuevo revolucionario del siglo XXI. Para los que viven en la isla esto puede parecer atractivo. Se calcula que desde 2003, Chávez ha invertido cuatro mil millones de dólares en diversas áreas de la agricultura, la industria, los servicios y la infraestructura en Cuba. En 2006, el 35.4 por ciento del total del comercio de productos de Cuba se hizo con Venezuela. Al nivel nacional, conforme los precios del petróleo ascendían, Chávez desvió parte de las enormes ganancias para financiar una serie de medidas sociales.
Como marxistas, llamamos por la defensa militar del régimen de Chávez en el caso de un golpe patrocinado por EE.UU., como lo hicimos en 2002. Sin embargo, no damos apoyo político a Chávez. La izquierda reformista perpetúa la ilusión de que Venezuela es “socialista” o está en camino al socialismo. Sin embargo, hay una diferencia cualitativa entre Cuba y Venezuela. En Cuba se aplastó al estado burgués y se expropió a la burguesía como clase. Chávez llegó al poder a través de un proceso electoral burgués y gobierna a la cabeza de un estado capitalista. La burguesía venezolana está vivita y coleando, y los imperialistas siguen llevando a cabo un esplendoroso negocio con Venezuela. A pesar de que Chávez ha aumentado la presencia estatal en industrias como la del petróleo, la electricidad, la producción de acero y de cemento, estas nacionalizaciones, que se han dado poco a poco, no presentan un desafío a la propiedad privada capitalista. Típicamente, medidas como éstas han sido llevadas a cabo por otros populistas latinoamericanos como Lázaro Cárdenas en México en los años 30 y Juan Perón en Argentina en los 40 y 50, así como Gamal Abdel Nasser en Egipto también en los años 50. Un antiguo coronel del ejército, Chávez es un gobernante bonapartista que emplea medidas populistas no para efectuar sino más bien para desviar una revolución social —al vincular más firmemente a las masas desposeídas con el estado capitalista venezolano—.
Los izquierdistas pro-Castro suelen citar las intervenciones de Cuba en África como prueba de su internacionalismo. Tras el desvanecimiento del colonialismo portugués en África en 1974-75, Angola fue presa de una guerra de aniquilación mutua entre fuerzas nacionalistas rivales en la que los marxistas no tomamos lado. Pero cuando el ejército sudafricano del apartheid, apoyado por EE.UU., invadió Angola, Cuba envió tropas, apoyadas por los soviéticos, que lucharon al lado de los nacionalistas angoleños del MPLA y lograron aplastar a las fuerzas sudafricanas y a sus aliados en Angola. A pesar de que políticamente no apoyábamos al MPLA, militarmente nos pusimos de su lado, del de las fuerzas cubanas y de sus asesores soviéticos en lo que era una guerra indirecta contra los imperialistas estadounidenses.
Las batallas heroicas libradas por las tropas cubanas hicieron añicos el mito de la invencibilidad del ejército del apartheid, ayudando así a inspirar las revueltas de Soweto en 1976 y otras luchas de las masas negras oprimidas en Sudáfrica. Sin embargo, es importante señalar que el objetivo de los estalinistas cubanos y soviéticos nunca fue derrocar el capitalismo en África. Así como patrocinaron al régimen burgués corrupto del MPLA en Angola, Cuba y la URSS también apoyaron la brutal dictadura de Mengistu en Etiopía a principios de los años 70. En Sudáfrica, que cuenta con el mayor proletariado en el África subsahariana, los estalinistas han apoyado desde 1928 una alianza con el burgués Congreso Nacional Africano (CNA). Hoy en día, el régimen del apartheid ya no existe, pero las masas negras siguen siendo los de abajo con un régimen de neoapartheid administrado por el CNA, el Partido Comunista de Sudáfrica y los líderes de la federación sindical COSATU.
A pesar de que Cuba ha estado bajo el acecho militar del imperialismo estadounidense durante casi medio siglo, la autobiografía de Castro deja claro su apetito por una “tregua” a través de un ala “progresista” del imperialismo estadounidense —es decir, el Partido Demócrata—. Hay abundantes referencias favorables a los presidentes del Partido Demócrata. “Franklin Delano Roosevelt...es, a mi juicio, uno de los mejores estadistas que ha tenido” EE.UU. “Yo siempre tuve buena opinión de [Jimmy] Carter como un hombre de ética. Su política fue constructiva con relación a Cuba.” El entrevistador preguntó si Clinton (quien intensificó el embargo a Cuba en dos ocasiones) fue “más constructivo”; Castro respondió: “Sí, él no era particularmente agresivo. Pero Clinton heredó toda aquella comunidad, heredó todas las campañas que se han hecho contra Cuba y era muy poco lo que podía hacer para ayudar.” Incluso Kennedy —con todo y Bahía de Cochinos— es excusado: “creo que Kennedy fue un hombre de gran entusiasmo, muy inteligente, con carisma personal, que trataba de hacer cosas positivas...dio luz verde a la invasión de Playa Girón en 1961, pero esa operación no fue preparada por él, sino por el gobierno anterior de Eisenhower y Nixon.” Castro está siguiendo los pasos de los estalinistas del Kremlin y del Partido Comunista de EE.UU., quienes desde los tiempos de Roosevelt generalmente han apoyado al capitalista Partido Demócrata.
El mundo postsoviético
Siempre sensibles a la opinión pública pequeñoburguesa, los pablistas fueron abandonando su anterior entusiasmo por la guerra de guerrillas campesina con los primeros indicios de la Segunda Guerra Fría a fines de los años 70. Votaron por la instauración de los gobiernos de frente popular más vehementemente anticomunistas, como el del “socialista” francés Mitterrand en 1981. Haciendo eco de la campaña imperialista por “democracia” y “derechos humanos”, apoyaron a todos y cada uno de los oponentes del gobierno soviético. Esto incluyó el apoyo en los años 80 a la polaca Solidarność, punta de lanza de la contrarrevolución capitalista en Europa Oriental. En EE.UU., Socialist Action incluso adoptó el logotipo de Solidarność como rótulo en su periódico. El fallecido Ernest Mandel, dirigente del S.U., aclamó a estos reaccionarios clericales, que fueron respaldados por la CIA y el Vaticano, como “los mejores socialistas del mundo”.
En retrospectiva, el S.U. incluso elogió como “luchadores por la libertad” a los nazis estonios “Hermanos del Bosque” durante la Segunda Guerra Mundial. Grupos del S.U., así como la tendencia Militante de [Ted Grant,] Peter Taaffe y Alan Woods, aullaron junto a los lobos imperialistas en apoyo al golpe contrarrevolucionario de Boris Yeltsin en Moscú en 1991. Hoy, la izquierda reformista aclama al Dalai Lama, apoyado por la CIA, y al movimiento “Tíbet libre” en contra del estado obrero deformado chino.
Nosotros, en la Liga Comunista Internacional, luchamos hasta el final contra la contrarrevolución en lo que fue la Unión Soviética y Europa Central y Oriental, tal como Trotsky exigió a sus partidarios. En contraste con la negativa de los falsos trotskistas a defender a la URSS contra los muyajedines armados por la CIA tras la intervención soviética iniciada en diciembre de 1979, nosotros dijimos: “¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán! ¡Extender las conquistas sociales de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos!” En una declaración de 1991, llamamos a los obreros soviéticos a “derrotar la contrarrevolución de Yeltsin y Bush”, y exhortamos al proletariado a formar soviets bajo el programa del internacionalismo bolchevique. En Alemania Oriental (RDA) en 1989-90, mientras el régimen estalinista en desintegración del SED-PDS clamaba que la restauración capitalista debía ser realizada de una manera humana, nosotros, de manera única, nos opusimos a la reunificación capitalista. Llamamos por una Alemania roja soviética, a través de una revolución política en la RDA y una revolución socialista en Alemania Occidental. Iniciamos una movilización masiva, que luego fue apoyada por el SED-PDS, en el parque Treptow en Berlín, el 3 de enero de 1990, contra la profanación fascista de un memorial de guerra soviético y en defensa de la URSS y de la RDA. Era la primera vez que los trotskistas intervenían en una plataforma pública en un estado obrero desde la Oposición de Izquierda rusa de Trotsky a fines de los años 20.
La destrucción de la URSS tuvo consecuencias desastrosas para Cuba. La economía cubana estaba fuertemente subsidiada por la URSS, lo que llegó a representar hasta el 36 por ciento del ingreso nacional cubano en los años 80. La economía cubana sufrió una contracción dramática, con una disminución precipitada del 40 por ciento en la producción económica per cápita para 1993. Esto significó apagones, escasez de productos básicos y un periodo de estricto racionamiento de alimentos para la población cubana durante un lapso conocido como el “periodo especial en tiempo de paz”. En respuesta, el gobierno instituyó una serie de “reformas de mercado”, que incluía legalizar la posesión y el intercambio del dólar estadounidense. Esta “dolarización” condujo a una intensa y creciente diferencia en los ingresos de la población, lo que tuvo un impacto más fuerte en las mujeres y los negros cubanos. En los últimos años, el gobierno ha intentado reducir la dependencia en la inversión imperialista mediante la firma de nuevos acuerdos comerciales con la Venezuela de Chávez y con China. Pero la situación económica sigue siendo muy grave para la mayoría de los cubanos, quienes se ven obligados a recurrir al mercado negro incluso para adquirir muchos artículos de primera necesidad.
Tratando de aliviar el embargo estadounidense para facilitar la penetración económica a la isla, el ex presidente Carter viajó a Cuba en 2002. Durante su viaje, Carter empujó la campaña por el Proyecto Varela —lanzado por disidentes proimperialistas— que incluía demandas por el derecho a la empresa privada, amnistía para los presos políticos y “elecciones libres”.
El llamado a “elecciones libres” es un llamado a apoyar la “democracia burguesa” en contra del estado obrero cubano, es decir, por la contrarrevolución. Nosotros estamos a favor de la democracia obrera. Como nuestro partidario dejó claro a Guevara en 1964, estamos por el derecho de todas las tendencias que defiendan los logros de la Revolución Cubana a organizarse políticamente. La clase obrera debe ejercer su gobierno a través de los soviets. Condenamos a aquellos como Olivier Besancenot, portavoz prominente de la Ligue communiste révolutionnaire [Liga Comunista Revolucionaria] de Francia, sección líder del S.U., quien a principios de este año proclamó su apoyo a “elecciones libres” en Cuba.
Para mérito propio, el gobierno cubano apoya la causa de Mumia Abu-Jamal, el principal prisionero político en la antesala de la muerte en EE.UU. Sin embargo, el gobierno cubano aplica la pena de muerte, aunque recientemente Raúl Castro conmutó las penas de muerte de casi todos los reclusos condenados en Cuba. Nosotros nos oponemos a la pena capital como una cuestión de principios en Cuba y China, así como en los países capitalistas. Cuando tres secuestradores de una embarcación fueron ejecutados en 2003, los sicofantes pro-Castro de Socialist Action trataron de justificar este hecho señalando las ejecuciones llevadas a cabo por los bolcheviques durante la Guerra Civil [mientras que el Grupo Internacionalista —pablistas de la segunda generación— trató de justificarlo presentando el secuestro del bote como “una acción de guerra contrarrevolucionaria” (El Internacionalista en Internet, mayo de 2003)]. Nosotros respondimos [ver Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003]:
“Los marxistas —incluyendo a los bolcheviques— estamos opuestos a la bárbara institución de la pena capital. Los bolcheviques llevaron a cabo terror revolucionario en defensa del nuevo estado obrero, entendiendo que la guerra contra la contrarrevolución era un episodio temporal que necesitaría medidas temporales y drásticas. Pero el código penal fue una característica más permanente del estado obrero. Cuando la pena de muerte, en vez de ser un acto de guerra, fue hecha parte del código penal del país en 1922, se pretendía que ésta fuera una medida temporal... Y como tantas otras medidas empleadas temporalmente por el joven estado obrero, con la contrarrevolución política estalinista éstas fueron hechas permanentes y retorcidas hasta quedar convertidas en los opuestos más grotescos de lo que buscaban los bolcheviques.”
La ejecución de los secuestradores no fue un asunto de justicia sumaria por parte de un gobierno obrero en una situación de guerra civil. Sabemos muy bien que el régimen de Castro arremete con represión en contra de sus opositores prosocialistas, incluyendo militantes como los trotskistas en los años 60. Y fue en el nombre de “defender la revolución” que Castro ordenó la ejecución del general Ochoa en 1989, un héroe de la guerra de Angola, después de un juicio al estilo estalinista que hizo recordar las purgas de Moscú a fines de la década de 1930.
Apoyamos las medidas adoptadas en defensa de la Revolución Cubana, incluyendo el encarcelamiento de los “disidentes” que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense. Pero no damos crédito a la capacidad de la burocracia para barrer con los contrarrevolucionarios. La invitación de Castro a Carter sólo sirvió para envalentonar a los reaccionarios, así como la continua búsqueda de una “tregua” con el imperialismo socava al estado obrero cubano. Los fundamentos de lo que escribimos en 1965 en nuestro artículo “¡Libertad para los trotskistas cubanos!” sigue siendo cierto hoy:
“La Revolución Cubana debe sustituir su actual ideología nacionalista de ‘coexistencia pacífica’...con una política exterior revolucionaria, una orientación a la revolución latinoamericana para construir concretamente y otorgar dirección al movimiento revolucionario en América Latina como parte de un movimiento mundial. Internamente, el establecimiento de una genuina democracia obrera, la construcción de soviets —consejos de obreros— órganos representativos electos de poder obrero, y la restauración de la rica vida interna es vital para cualquier movimiento revolucionario para derrotar a la burocracia.”
Los revolucionarios en EE.UU., el bastión del imperialismo mundial, tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y el imperialismo estadounidense. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario, sección de una IV Internacional reforjada, que lleve a la clase obrera multirracial de EE.UU. el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es parte integral de su lucha contra los explotadores capitalistas estadounidenses y de la lucha por la revolución socialista. ¡Defender la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política proletaria para abrir el camino hacia el socialismo! ¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/30/cuba.html
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2016.05.21 18:51 ShaunaDorothy Declaración de la Liga Comunista Internacional ¡Defender a Irak contra el ataque imperialista de EE.UU. y sus aliados! ¡Abajo el bloqueo hambreador de la ONU! (2 - 2) 23 de octubre de 2002

https://archive.is/DksZ2
La doctrina Bush: Los principales policías nucleares del mundo
En septiembre, la administración Bush hizo pública su “Estrategia de seguridad nacional”, una bomba diplomática que consagra el principio de la guerra “preventiva”, incluso con armas nucleares, contra cualquiera que se le ponga en el camino a EE.UU. y declara que ninguna potencia remontará jamás la enorme ventaja militar que EE.UU. ha alcanzado desde que la Unión Soviética fue destruida a través de la contrarrevolución capitalista en 1991-92. (El presupuesto militar estadounidense es ahora mayor que el de los siguientes 19 países juntos.) Esta amenaza está dirigida en primer lugar contra China, así como contra los rivales imperialistas de EE.UU. Esta nueva política representa un cambio significativo en la manera en la que EE.UU. ha dominado al mundo desde que emergió triunfante de la primera y la segunda guerras mundiales interimperialistas sobre sus rivales. Por décadas, EE.UU. ha envuelto su absoluto bandidaje en el disfraz de la “democracia” y la “liberación” de la gente de “las dictaduras”. Las Naciones Unidas con frecuencia han servido de hoja de parra “humanitaria” para el terror y la destrucción que ha desatado el imperialismo estadounidense a lo largo y ancho del mundo, desde la Guerra de Corea de 1950-53 hasta el bloqueo hambreador contra Irak.
Las quejas de los socialdemócratas y los falsos izquierdistas europeos respecto de la “unilateralidad” de EE.UU. no representan ninguna oposición clasista al imperialismo estadounidense; representan tan sólo los chillidos de estados menos poderosos y sus apologistas, que quieren un trozo más grande del botín y preferirían ser tratados de forma menos grosera. Sus maniobras en la ONU son en esencia juegos de poder para presionar un poco a los EE.UU., buscando satisfacer sus propios intereses nacionales. Lenin llamaba “guarida de ladrones” a la predecesora de la ONU, la Liga de las Naciones, y actualmente la ONU sirve para el mismo propósito: regular las disputas globales dentro del marco establecido por las potencias imperialistas más poderosas, cubriendo todas sus maniobras como misiones de “pacificación”. Hoy en día, EE.UU. se siente lo suficientemente confiado para dejar caer esta máscara y gruñir una advertencia directa: “haz lo que digo o podrías ser el siguiente”. Y de hecho lo hacen, ¡accediendo a exentar al ejército estadounidense de los tribunales internacionales que juzgan crímenes de guerra y accediendo también a las apelaciones de EE.UU. a los iraquíes para que asesinen a su jefe de estado!
El cambio de política de la Casa Blanca no es meramente una cuestión de semántica o de ausencia de sutilezas diplomáticas. Es la forma que ha tomado el “nuevo orden mundial” que surgió de la caída de la Unión Soviética. La Unión Soviética era la tierra natal de la Revolución de Octubre de 1917, la primera, y hasta ahora la única, revolución obrera victoriosa en el mundo. El sistema de explotación capitalista fue derrocado y remplazado por una economía planificada y colectivizada. Sin embargo, en ausencia de revoluciones socialistas en Alemania y otros países industriales avanzados, el joven estado obrero permaneció empobrecido y rodeado de potencias imperialistas hostiles, y los propios obreros soviéticos fueron políticamente expropiados por una casta burocrática conservadora, similar a la burocracia obrera que descansa sobre los sindicatos en los países capitalistas. León Trotsky, codirigente junto con Lenin de la Revolución de Octubre, luchó contra la degeneración burocrática de la Unión Soviética bajo Stalin y luchó por devolver a la Unión Soviética al camino del internacionalismo revolucionario. En 1933, Trotsky llamó por una revolución política para expulsar a la burocracia, al tiempo que seguía insistiendo que era deber del proletariado internacionalmente defender militarmente al primer estado obrero del mundo de los intentos internos o externos de restauración capitalista.
A pesar de la deformación estalinista, la Unión Soviética era el motor industrial y militar de todos los estados que derrocaron el dominio capitalista, desde Vietnam hasta Cuba. Sin el poderío militar soviético que lo contenga, el imperialismo estadounidense ha estado desbocado, expandiendo su presencia militar en cada continente y cada mar. Las rivalidades interimperialistas, que generalmente se subordinaban a la causa común de destruir la Unión Soviética, han pasado a un primer plano. La reelección del canciller alemán Gerhard Schröder sobre la base de su posición antiamericana sobre el conflicto en Irak (la primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en la que la Alemania capitalista ha expresado su abierta oposición a una política estratégico-militar estadounidense de importancia) es una indicación del creciente cisma en el campo imperialista. Otra es el cortejo hacia Corea del Norte por parte de Japón en septiembre, en desafío del objetivo de Bush de matar de hambre y poner en cuarentena a ese “estado delincuente”. Fox, el presidente mexicano que quiere ser el hombre de Bush en América Latina, ni siquiera puede lograr que le arrojen una migaja diplomática de la mesa de Washington en premio por sus servicios. Durante la Guerra del Golfo de 1991, Alemania y Japón pagaron, ellos solos, más del 25 por ciento del costo de la guerra, en tanto que otros aliados de EE.UU. (como Arabia Saudita) cubrieron casi todo lo demás. Sin embargo, Schröder jura que está vez no pagará ni un pfennig y Japón ha puesto en claro que tampoco planea contribuir. La recesión económica que cada vez se hace más profunda está exacerbando las tensiones entre los países de Europa Occidental, Estados Unidos y Japón. Las guerras comerciales económicas entre los bloques rivales y dentro de los mismos por la obtención de porciones más grandes del mercado mundial, conducirán en última instancia a conflictos militares.
Actualmente, EE.UU. tiene la mira puesta en arrebatar y controlar una porción mayor de la riqueza petrolera del Medio Oriente, pero el premio que busca en última instancia es China. Envalentonado por la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética, EE.UU. está incrementando la presión militar contra China —desde la expansión de las bases estadounidenses en las Filipinas hasta el establecimiento de nuevas bases en la frontera afgana—. Al mismo tiempo, EE.UU. y otros imperialistas, al igual que los capitalistas chinos de ultramar, promueven las incursiones del mercado capitalista en las “Zonas Económicas Especiales” para la explotación de libre mercado en el corazón del estado obrero deformado chino. China es uno de los siete blancos potenciales en la mira de los planes estadounidenses para un ataque nuclear preventivo, según se explica en la “Reseña de la postura nuclear” que publicó el Pentágono a principios de este año. A pesar de ello, la miserable burocracia estalinista de Beijing endosó la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU. en Afganistan. Además, hay elementos de la burocracia que buscan convertirse en una nueva clase capitalista dominante, auxiliando a los imperialistas y a la burguesía china de ultramar en su penetración económica de China. El terrible revés sufrido en todos los niveles del progreso humano, desde la mortandad infantil y la esperanza de vida hasta la taza de alfabetización, a partir de la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética y en Europa Oriental es una advertencia para las masas trabajadoras chinas de que entregarse al “libre mercado” significa caer de lleno en la explotación capitalista y en la miseria —y más aún en el caso de China, con sus amplias extensiones de atraso económico—. Están en riesgo las conquistas de la Revolución China de 1949, que sacó a China del yugo de la dominación imperialista, terminó con la esclavitud de la mujer y mejoró enormemente las condiciones de vida de las masas obreras y campesinas a través de la creación de una economía planificada y colectivizada. Nosotros los trotskistas luchamos por la defensa militar incondicional de China —al igual que de Corea del Norte, Vietnam y Cuba— contra el ataque imperialista y la contrarrevolución interna, al tiempo que luchamos por la revolución política proletaria para expulsar a las traicioneras burocracias estalinistas que socavan los estados obreros.
La LCI empleó todos los recursos a su alcance en la lucha para detener la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética, y en Alemania Oriental un poco antes. En ese entonces, buscamos reimplantar el comunismo auténtico de los bolcheviques de Lenin y llevar a la clase obrera el brillante análisis de Trotsky sobre el carácter contradictorio de los estados obreros deformados, para poder construir partidos revolucionarios internacionalistas que funcionaran como el instrumento necesario para defender las viejas conquistas y obtener otras nuevas. No tuvimos éxito, pero el amargo resultado de la victoria del capitalismo —un mundo mucho más peligroso de guerras y explotación imperialista desatada— hace que las luchas inmediatas resulten mucho más urgentes y fortalece nuestra determinación. En contraste, prácticamente toda la “izquierda” aulló al lado de los lobos imperialistas, al respaldar las fuerzas de la contrarrevolución en la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Europa Oriental. Al hacerlo, expresaron su acercamiento con sus burguesías nacionales. De ese modo, no es sorprendente que, reflejando el incremento en las diferencias entre las principales potencias imperialistas, estos “izquierdistas” hayan actuado como tamborileros a favor de los “derechos humanos” en apoyo de sus gobernantes imperialistas contra Serbia en 1999 y hoy adopten una postura “contra la guerra” que no es sino una fachada rosa para los intereses nacionales de sus propias clases capitalistas dominantes.
La falsa izquierda marcha al ritmo de sus propios gobernantes capitalistas
Es correcto oponerse al imperialismo estadounidense, pero promover la idea de que los imperialistas europeos son más benévolos y progresistas que sus rivales estadounidenses no es sino vil socialchovinismo. Sin embargo, ésta es precisamente la moneda falsa de la “izquierda” europea. De ese modo, la italiana Rifondazione Comunista (RC), la Ligue Communiste Révolutionnaire (LCR) francesa y los británicos Socialist Workers Party (SWP) y Workers Power (WP), entre otros muchos, firmaron un llamado “A todos los ciudadanos de Europa y todos sus representantes” que proclama:
“Quienes muestren solidaridad con el pueblo de Irak no serán escuchados en la Casa Blanca. Pero tenemos la oportunidad de influenciar a los gobiernos europeos —muchos de los cuales se han opuesto a la guerra—. Llamamos a todos los jefes de estado europeos a que se opongan públicamente a esta guerra, tenga o no el respaldo de la ONU, y a que exijan que George Bush abandone sus planes de guerra.”
¡Qué apelación más conmovedora a la burguesía alemana de Auschwitz, a los imperialistas franceses que bañaron en sangre a Argelia, a los británicos que saquearon al subcontinente indio y dividieron el Medio Oriente, y cuyas tropas imperialistas reprimen brutalmente a los católicos en Irlanda del Norte! ¿Y qué hay de los actores secundarios de hoy, como los belgas, cuya ocupación colonial del Congo no tuvo rival en su brutalidad, o los holandeses, que subyugaron a Indonesia y también estuvieron involucrados en el tráfico de esclavos intercontinental? Y no hay que olvidar que fue la burguesía italiana la que puso campos de concentración en Libia y la que utilizó gas venenoso contra la población etíope. Además, este sangriento pasado colonial pavimentó el camino para la represión contra los inmigrantes de piel oscura por parte de los gobernantes actuales de Europa Occidental, desde el racista Rasterfahndung (un sistema que usa computadoras para fichar a las personas por su raza, principalmente a los inmigrantes musulmanes) en Alemania, hasta el terror policiaco racista institucionalizado de la campaña francesa de “Vigipirate”, las muertes por ahogamiento de refugiados albaneses que viajaban en bote provocadas por Italia, las deportaciones de personas en busca de asilo por parte de Gran Bretaña y un muy largo etcétera.
Posiblemente los “izquierdistas” firmantes de la declaración citada anteriormente sienten que sus amos imperialistas les “deben” una. Después de todo, ellos de hecho ayudaron a colocar en el poder gobiernos reaccionarios a lo largo de Europa. El SWP británico se declaró “encantado” cuando Tony Blair, el perro faldero de Bush, se convirtió en Primer Ministro por primera vez. La LCR francesa hizo una vigorosa campaña “en las calles y en las urnas” para “poner alto a Le Pen” y colocar en el poder al gaullista de derecha Jacques Chirac. El grupo cliffista alemán, Linksruck, ayudó a poner una vez más en el poder a Schröder (que aprovechó la Guerra de los Balcanes para convertirse en el primer hombre en enviar tanques del Bundeswehr fuera de Alemania desde Adolf Hitler) como un candidato antiestadounidense “a favor de la paz”. El líder de la RC italiana, Bertinotti, suelta palabrería que suena izquierdista acerca de una “huelga general europea a favor de la paz” (excluyendo notoriamente a los trabajadores estadounidenses), mientras apela simultáneamente a los jefes de estado europeos, incluyendo al derechista Berlusconi (que está aliado con los fascistas) para que se opongan a la guerra. En los hechos, Bertinotti está llamando a “una huelga a favor de la paz” por parte de los gobiernos capitalistas. Proposta y Falcemartello (la rama italiana de los grantistas británicos), acurrucados al interior de RC, se niegan a tomar un lado y defender a Irak, y promueven manifestaciones contra las bases militares estadounidenses sin dirigirse al imperialismo italiano. De hecho, Proposta respaldó al anterior gobierno de RC y la coalición “Ulivo” que invadió Albania en 1997. En el ciberespacio, Workers Power y su League for a Revolutionary Communist International (LRCI) llaman a “defender a Irak”, pero en las calles de Gran Bretaña hicieron campaña a favor de Tony Blair, que lleva a cabo la guerra contra Irak. Workers Power hizo campaña abiertamente a favor de la derrota de Serbia a manos del Ejército de Liberación de Kosovo —un instrumento del imperialismo de la OTAN durante la Guerra de los Balcanes— y apareció en una manifestación en Londres que incluía prominentemente el llamado “¡Buena suerte OTAN!”. WP también hizo la declaración demente de que “en la secuela de la victoria de la OTAN en Kosovo, una situación prerrevolucionaria está madurando” (“La lucha para derrocar a Milosevic en Serbia”, declaración de la LRCI, 11 de agosto de 1999).
En Gran Bretaña, el SWP cliffista saca espuma por la boca contra la “guerra de Bush” y, sin embargo, apoyó la entrada de tropas imperialistas británicas a Irlanda del Norte en 1969 ¡y todavía no puede decidirse a exigir su retiro inmediato incondicional! Aunque ocasionalmente denuncian a las Naciones Unidas en sus periódicos, varios afiliados internacionales de la tendencia de Cliff constituyen el ala derecha del movimiento contra la guerra y criminalmente crean ilusiones en la ONU, cuyas sanciones contra Irak son un acto de guerra asesino. En 1990-91, el SWP organizó el Committee to Stop the War in the Gulf [Comité para detener la guerra en el Golfo] dirigido por Tony Benn, quien apoyó las sanciones de la ONU. Ahora, Linksruck ha publicado una petición en su sitio de Internet: “Apelamos al Gobierno Federal Alemán con gran preocupación: ¡Hay que hacer todo lo posible en el marco de la ONU en respuesta a los EE.UU. para evitar la amenaza de guerra!”
En Australia, la International Socialist Organisation (ISO) anunció en el número del 4 de octubre del Socialist Worker que respalda la Victorian Peace Network (VPN), un grupo contra la guerra que afirma: “Las resoluciones de la ONU sobre el desarme y los derechos humanos sólo funcionarán si son aplicadas de manera pareja, sin miedos ni favoritismos. Todas las potencias nucleares y todos los estados del Medio Oriente deben abolir sus reservas de armas químicas, biológicas y nucleares.” Éste es un llamado abiertamente proimperialista por el desarme de Irak frente al inminente ataque estadounidense y británico. Por lo que respecta a los imperialistas, sólo serán desarmados cuando sean expropiados por revoluciones obreras victoriosas. Colgándose de los faldones de liberales como el VPN, la ISO termina de nuevo en el campo del imperialismo.
De forma similar, el marcyista Workers World Party (WWP) de Estados Unidos habla de forma un poco más izquierdista en su periódico, pero en la práctica dedica sus esfuerzos a subordinar al movimiento contra la guerra a los políticos capitalistas en el Partido Demócrata del racismo y la guerra. El WWP promueve a Ramsey Clark, que fue policía en jefe en la administración de Lyndon Johnson durante la Guerra de Vietnam y hoy exige que el imperialismo estadounidense “nos guíe en el camino hacia la paz”.
Las bases militares estadounidenses a lo largo de Europa y Asia, al igual que las instalaciones de espionaje de alta tecnología como Pine Gap en Australia, se han convertido en blancos dignos de las protestas contra la guerra efectuadas por izquierdistas y sindicatos. Sería bueno que EE.UU. fuera privado de sus plataformas internacionales de lanzamiento para la guerra contra Irak. Pero, sin importar toda la palabrería electorera del canciller alemán Schröeder contra la guerra en Irak, es altamente improbable que interfiera de modo alguno con las principales bases aéreas o instalaciones militares estadounidenses a lo largo de Alemania, que alojan a unas 70 mil tropas estadounidenses. Lo que necesitamos no es un “movimiento contra la guerra” de apoyo socialchovinista a la “propia” burguesía de uno, sino una oposición revolucionaria, proletaria e internacionalista a las bases de EE.UU. y la OTAN. El Partido Obrero Espartaquista, sección alemana de la LCI, llama por el retiro inmediato de todas las tropas alemanas de los Balcanes, Afganistán y el Medio Oriente. Y mientras que gran parte de la izquierda hizo campaña a favor de la intervención imperialista en Timor Oriental en 1999, la Spartacist League/Australia se opuso a la presencia militar australiana allí desde el principio.
El grupo francés Lutte Ouvrière (L.O.) parece haberse separado del pantano e incluso denunció “la total hipocresía de los estados europeos respecto del incremento en el belicismo de Bush” (Lutte Ouvrière, 6 de septiembre). Sin embargo, L.O. no ofrece perspectiva alguna para una contienda contra la guerra basada en la lucha de clases, y mucho menos contra el reflejo local de esta campaña bélica: el incremento en el terror de estado policiaco contra los inmigrantes, los sans-papiers (inmigrantes indocumentados) y los jóvenes de “segunda generación”. L.O. ha oscilado salvajemente en los últimos meses, yendo desde el apoyo grotesco a las “huelgas” policiacas y los llamados por más policías en los barrios pobres hasta la oposición a la brutalidad policiaca. Sin embargo, en lo que es consistente L.O. es precisamente en su firme negativa a luchar por cualquier otra cosa que no sean las demandas económicas más estrechas del proletariado. De manera increíble, en meses de volantes fabriles de L.O. no puede encontrarse ni una palabra contra el racismo antiinmigrante, pero sí pueden encontrarse muchos de sus eternos balbuceos reformistas acerca de “prohibir los despidos”. De ese modo, L.O. cumple con su parte para atar a los obreros a los explotadores con la mentira de que el sistema capitalista de algún modo puede ser regulado bajo un “buen” gobierno para que sea “humanitario”.
En su compendio clásico contra la guerra, El socialismo y la guerra, escrito en 1915 en el crisol de la Primera Guerra Mundial, Lenin escribió:
“El contenido ideológico y político del oportunismo y del socialchovinismo es el mismo: la colaboración de las clases en lugar de la lucha entre ellas, la renuncia de los medios de lucha revolucionarios y la ayuda a ‘sus’ gobiernos en su difícil situación, en lugar de sacar partido de esas dificultades en interés de la revolución.”
De hecho, el apoyo de los seudomarxistas a sus propios gobernantes, como si fueran más morales o humanos que la burguesía estadounidense, es el mismo argumento que usaron los socialdemócratas alemanes como “justificación” para “defender a la patria” y votar a favor de los créditos de guerra para el Kaiser en 1914. Este abandono de la perspectiva marxista fundamental de clase contra clase —encapsulada en el llamado inequívoco de El Manifiesto Comunista: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”— impulsó a Lenin a arrancarse la camisa sucia de la II Internacional y a construir una nueva III Internacional comunista. La traición de los socialdemócratas hizo que Lenin se diera cuenta que el oportunismo tenía una base material en el movimiento obrero mismo, particularmente entre los funcionarios sindicales que ataban su destino al sistema capitalista. La mayor contribución de Lenin al marxismo fue su conclusión de que la ruptura decisiva con los oportunistas era la precondición para que el proletariado luchara por sus propios intereses de clase y por su propio dominio de clase. Compárese este entendimiento con el oportunismo fundamental de grupos como el Comité por una Internacional de los Trabajadores de Peter Taaffe, encabezado por el Socialist Party británico, que ocasionalmente puede hacer declaraciones que suenan ortodoxas acerca de que el capitalismo es la raíz de la guerra, pero que está comprometido a apoyar a socialdemócratas como el Partido del Socialismo Democrático alemán.
Lenin explica en El socialismo y la guerra:
“Hoy la unidad con los oportunistas significa de hecho la subordinación de la clase obrera a ‘su’ burguesía nacional y la alianza con esta burguesía para la opresión de otras naciones y para la lucha por los privilegios propios de una gran potencia, constituyendo, al mismo tiempo, la escisión del proletariado revolucionario de todos los países.”
Lenin concluye que la tarea inmediata consiste en:
“[U]nir a estos elementos marxistas —por poco numerosos que sean al principio—, en recordar en su nombre las olvidadas palabras del verdadero socialismo y exhortar a los obreros de todos los países a que rompan con los chovinistas y se agrupen bajo la vieja bandera del marxismo.”
El Medio Oriente, detonador para una Tercera Guerra Mundial
Para movilizar plenamente y de manera efectiva a los obreros y a los trabajadores rurales de Irak contra el imperialismo estadounidense, es necesario que el régimen iraquí sea derrocado y remplazado por un gobierno de consejos (soviets) obreros y campesinos como el que fue establecido por la Revolución Bolchevique Rusa de 1917 bajo la dirección de Lenin y Trotsky. De ese modo, un partido leninista-trotskista en Irak hoy en día buscaría combinar la lucha por la independencia nacional contra el militarismo estadounidense con una revolución social contra los capitalistas y los terratenientes iraquíes. Los líderes árabes a través del Medio Oriente temen que una invasión estadounidense de Irak encienda el descontento social en sus propios países. Mientras tanto, Israel continúa golpeando a los palestinos, haciendo pedazos toda estructura básica de la sociedad en los Territorios Ocupados y planteando la muy real posibilidad de una expulsión masiva de los palestinos. La guerra dirigida por EE.UU. contra Irak podría proporcionar una “cubierta” a los planes genocidas de Sharon. Turquía teme que la destrucción del régimen de Saddam Hussein pueda incitar una lucha por parte del pueblo kurdo en Irak —y Turquía— por sus derechos nacionales. El Medio Oriente es un mosaico de estados artificiales cuyas fronteras fueron literalmente dibujadas por los imperialistas para que se adecuaran a sus apetitos coloniales, incluyendo el control de las vitales reservas petroleras.
La dominación imperialista ha reforzado el atraso social y la brutal represión contra las mujeres, los homosexuales y las minorías étnicas y religiosas en el Medio Oriente. La “guerra santa” antisoviética del imperialismo estadounidense en Afganistán en los años 80, junto con la bancarrota del nacionalismo árabe y las traiciones nacionalistas de los partidos comunistas estalinistas, ayudó, y no en poca medida, a alimentar el asenso del fundamentalismo islámico en el Medio Oriente. En tanto que buena parte del resto de la izquierda marchó detrás de los imperialistas y en contra de la Unión Soviética en Afganistán, nosotros, de manera única, tomamos lado con el Ejército Rojo contra los reaccionarios islámicos respaldados por la CIA. La presencia soviética trajo la esperanza de la liberación a los pueblos afganos y especialmente a las mujeres esclavizadas por el velo y la ley islámica. En ese entonces proclamamos: ¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán! ¡Extender las conquistas de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos! Nos opusimos a la traicionera retirada de Afganistán por parte de Gorbachov y advertimos proféticamente sobre el impulso que ésta le daría a la contrarrevolución, señalando: “Es mejor luchar en Afganistan que en Moscú”.
En los centros urbanos a través del Medio Oriente hay un proletariado industrial moderno que tiene el poder social y el interés de clase para trascender las divisiones étnicas y religiosas y para barrer con el orden capitalista. La tarea es hacer al proletariado consciente de sus intereses, combatiendo todas las variantes del nacionalismo, incluyendo el nacionalismo “progresista” de la Organización para la Liberación de Palestina, y toda forma de fundamentalismo religioso. La clave es forjar una dirección revolucionaria basada en el programa de la revolución permanente de Trotsky, que enseña: “Con respecto a los países de desarrollo burgués retrazado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas” (La revolución permanente, 1929).
Trotsky enfatizó que “el destino ulterior de la dictadura [proletaria] y del socialismo dependerá, en último término, no tanto de las fuerzas productivas nacionales como del desarrollo de la revolución socialista internacional.” Hoy en día, en el Medio Oriente la lucha contra la guerra y la dominación imperialistas, y contra el opresivo dominio capitalista de los despóticos jeques, coroneles y gobernantes sionistas, no puede ser resuelta dentro de los confines de un solo país. La justicia para el pueblo palestino, la emancipación nacional de los kurdos y la emancipación de las mujeres del velo y la sharia (ley islámica), requiere que los fundamentalistas medievales en Irán y Sudán, los sangrientos carniceros en Siria e Irak, las monarquías reaccionarias en Jordania, Arabia Saudita y los estados del Golfo y los asesinos y enloquecidos gobernantes sionistas de Israel sean todos barridos. ¡Todas las fuerzas de EE.UU., la OTAN y los demás imperialistas fuera del Medio Oriente! ¡Israel fuera de los Territorios Ocupados! ¡Defender al pueblo palestino! ¡Por una república socialista del Kurdistán! ¡Por una Federación Socialista del Medio Oriente!
Estas luchas deben ser enlazadas a la lucha por la revolución socialista en los países capitalistas avanzados de Europa, Norteamérica y Japón. A lo largo de los centros imperialistas, los trabajadores inmigrantes y sus hijos representan un puente viviente que conecta la lucha de clases entre las metrópolis y las antiguas colonias, y enlaza a los inmigrantes racialmente oprimidos con el poder del proletariado en su conjunto. Una lucha contra la guerra y contra la opresión racial y nacional no puede ser llevada a cabo con la política de compromisos empujada por los socialdemócratas, los exestalinistas y sus colas en la llamada “extrema izquierda”. La lucha contra la guerra presupone un instrumento revolucionario de combate: un partido trotskista internacional. Ésta es la tarea a la que está dedicada la Liga Comunista Internacional.
La vasta maquinaria de la muerte en manos de los imperialistas es una medida del enorme progreso científico y tecnológico que la Revolución Industrial hizo posible. Hoy en día, la ciencia y la tecnología son empleadas principalmente para allanar el camino a la extracción de ganancias por parte de la burguesía, a través de la aplastante explotación de la abrumadora mayoría de la población mundial, amenazando la existencia misma de la civilización humana. Para hacer que la ciencia y la tecnología actúen en bien de la humanidad se necesita arrancar los medios de producción de las manos de los gobernantes capitalistas imperialistas y crear una economía planificada internacional. Sólo de esta forma podrá empezarse a satisfacer las necesidades de los miles de millones de trabajadores que actualmente están condenados a una terrible y embrutecedora pobreza, y podrá acabarse con la amenaza de la guerra de una vez por todas. Sólo la revolución socialista puede acabar con la guerra imperialista: ¡Reforjar la IV Internacional de Trotsky, partido mundial de la revolución socialista!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/Irak-lci.htm
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2016.05.21 16:25 ShaunaDorothy Declaración de la LCI para las protestas de Praga contra el FMI y el Banco Mundial ¡Aplastar la explotación imperialista mediante la revolución socialista mundial! (noviembre de 2000)

https://archive.is/feRdA
A continuación publicamos una declaración de la Liga Comunista Internacional, emitida el 16 de septiembre pasado, dirigida a las protestas planeadas contra el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en Praga ese mismo mes. Las protestas contra la "globalización" se han convertido en un foco de actividad internacionalmente, y han sido objeto de viciosos ataques y terror policiacos, incluyendo arrestos masivos. Exigimos la inmediata liberación de todos los arrestados y el levantamiento de todos los cargos.
Los jóvenes radicalizados atraídos a estas protestas quieren superar el odioso empobrecimiento de las masas en el "Sur Global" que se justifica y forza en nombre del capitalismo del "libre mercado". Sin embargo, los organizadores de la campaña contra la "globalización" buscan encauzar estas preocupaciones y la lucha por la justicia social hacia apelaciones nacional-chovinistas a su propia burguesía.
La demanda principal de la protesta de Seattle fue que la Casa Blanca de Clinton presionara a la OMC para que adoptara y forzara una ley de normas internacionales para el trabajo y el medio ambiente. Además, la protesta estuvo dominada políticamente por la burocracia sindical de la AFL-CIO, que puso en escena una orgía anticomunista contra China y de proteccionismo chovinista. Las manifestaciones en Washington unos meses después se enfocaron en apelaciones liberales a los dirigentes del Banco Mundial para que cancelaran la deuda de los países del "Tercer Mundo".
Los organizadores de estas movilizaciones denuncian molestos al FMI, la OMC y el Banco Mundial por ser antidemocráticos y estar bajo el control de grandes corporaciones "trasnacionales". Al mismo tiempo, apelan a los gobiernos "democráticos" de América del Norte y Europa Occidental. En realidad, el estado capitalista estado u ni dense es el instrumento político fundamental de los bancos de Wall Street, General Motors, Boeing y otros; el estado capitalista alemán cumple el mismo propósito para los bancos de Frankfurt, Daimler-Benz y Siemens; etc. Las instituciones económicas internacionales como el FMI y la OMC están dominadas políticamente por los estados imperialistas principales, mientras que se convierten cada vez más en una arena de conflictos entre ellos.
En México, entre los principales porristas del "espíritu de Seattle" se encuentran la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y su grupo juvenil Contracorriente. En su periódico Estrategia Obrera núm. 14 (octubre de 2000) ensalzan las manifestaciones como "una nueva vanguardia anticapitalista" sin mencionar una sola palabra sobre sus ilusiones en el imperialismo "democrático" ni sobre la contrarrevolución capitalista que ha dado pie a la embestida burguesa antiproletaria a nivel mundial. La LTS apoyó esos movimientos contrarrevolucionarios en Europa Oriental y la URSS sin cuyo triunfo, para empezar, no se habrían reunido el FMI y el BM en Praga, capital del antiguo estado obrero checoslovaco. Con una verborrea nacionalista tercermundista antiestadounidense, el artículo de la LTS no menciona ni por equivocación al enemigo principal de los obreros y jóvenes radicalizados en México: la burguesía mexicana lacaya de los imperialistas.
En oposición fundamental a los principales impulsores seudoizquierdistas del "imperialismo de los derechos humanos", la Liga Comunista Internacional lucha por la liberación de los obreros, campesinos y otros trabajadores, de la explotación, la pobreza y la degradación social mediante revoluciones proletarias tanto en los centros imperialistas como contra sus lacayos en los países neocoloniales, estableciendo así la base para una economía socialista planificada internacional.
¿"Convertir a Praga en Seattle"? ¡Si no hubiera sido por la contrarrevolución que destruyó Europa Oriental y la antigua Unión Soviética hace una década, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional no se estarían reuniendo en Praga! La "revolución de terciopelo" desmembró a Checoslovaquia y ahora el pueblo trabajador, las mujeres y las minorías nacionales y étnicas sufren la cruda explotación, el empobrecimiento y las depredaciones del mercado capitalista. En cuanto a las ilusiones de "libertad", hoy las fuerzas policiacas especialmente entrenadas por el FBI estadounidense y apoyadas por la OTAN amenazan las manifestaciones obreras e izquierdistas con un reforzamiento brutal de la "ley y el orden" de los banqueros imperialistas.
A pesar de toda la palabrería sobre la preocupación por las masas trabajadoras, el llamado oficial para un "día global de acción" en Praga no dice nada sobre el tratamiento de choque capitalista que llevó a una precipitación en la expectativa de vida y devolvió la hambruna a Rusia, echó hacia atrás el derecho de las mujeres al aborto a lo largo de Europa Oriental y dio pie a la emergencia de una plaga parda de terror fascista dirigida especialmente contra inmigrantes y romaníes (gitanos). La guerra de los Balcanes del año pasado hundió a Serbia en una devastación peor que la de los nazis de Hitler. El resultante desastre económico, social y ecológico tampoco mereció mención en el manifiesto oficial para Praga. ¿Por qué sucede esto? Porque los supuestos izquierdistas que organizaron la protesta "antiglobalización" de este año son principalmente la mismísima gente que apoyó la guerra imperialista contra Serbia a nombre de la preocupación "humanitaria" por los albaneses kosovares. Son también los mismos "izquierdistas" que se unieron a sus propios gobernantes capitalistas para luchar por la destrucción de la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Europa Oriental y quienes apoyaron la elección de la sangrienta camarilla de falsos "socialistas", "ex comunistas" y dirigentes "laboristas" que actualmente gobiernan la Europa capitalista.
Nosotros, camaradas de la Liga Comunista Internacional (LCI), estamos orgullosos de luchar por el auténtico comunismo de los bolcheviques de Lenin y Trotsky. Nuestra perspectiva es proletaria, revolucionaria e internacionalista. Reconocemos que el conflicto fundamental en la sociedad es la lucha del trabajo contra el capital. Debido a su papel central en la producción, el proletariado tiene el poder social para tirar a los explotadores capitalistas y a todo su sistema de explotación de clase, la opresión racial, sexual y nacional y la guerra imperialista. El proletariado tiene el poder y el interés de clase para crear una sociedad —inicialmente un estado obrero— sobre la base de la propiedad colectiva y una economía racional e internacionalmente planificada, llevando a una sociedad comunista sin clases y a la extinción del estado. Alcanzar esta meta requiere de la construcción de un partido leninista-trotskista igualitario internacional. Luchamos por convertirnos en el partido capaz de dirigir revoluciones socialistas internacionales.
Sostener las conquistas proletarias ya arrebatadas a la clase capitalista es parte integral de nuestra lucha. Es por eso que nosotros los trotskistas luchábamos por la defensa militar incondicional de la Unión Soviética y de los estados obreros deformados de Europa Oriental contra el ataque imperialista y la restauración capitalista. Con todos los recursos a nuestro alcance, luchamos en 1989-90 en la RDA [Alemania Oriental] por dirigir una revolución política obrera, manteniendo las formas de propiedad colectiva y reemplazando a los falsos dirigentes estalinistas por un gobierno de consejos obreros. Esto pudo haber sido la guía para la resistencia contra la restauración capitalista a lo largo de Europa Oriental y para la revolución socialista proletaria en occidente. La LCI luchó de nuevo por despertar a los obreros soviéticos para preservar y extender las conquistas de la Revolución Rusa de 1917, que había sido asquerosamente traicionada por décadas de falsa dirección estalinista, pero que no fue derrocada hasta 1991-92. Hoy, el destino del estado obrero deformado chino y la vida de miles de millones de trabajadores en China, a lo largo de Asia y alrededor del mundo, penden en la balanza. Luchamos por la defensa militar incondicional del estado obrero chino contra las renovadas maquinaciones militares e intromisiones económicas imperialistas. Las conquistas de la Revolución China de 1949 están amenazadas por las "reformas" económicas de mercado de los estalinistas chinos, pero estos ataques también han engendrado una revuelta proletaria significativa. Es necesario un partido trotskista para dirigir al proletariado a la victoria mediante una revolución política obrera para preservar y extender las conquistas de la Revolución China de 1949.
Las devastadoras consecuencias mundiales de la contrarrevolución capitalista también destruyeron las teorías antimarxistas del "capitalismo de estado", adoptadas por la Tendencia Socialista Internacional del fallecido Tony Cliff y los estrafalarios y siempre cambiantes "ideólogos" de la Liga por una Internacional Comunista Revolucionaria (LICR, o sea Workers Power) y otros renegados del marxismo (ver "La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’", Spartacist [edición en español] núm. 30, primavera de 2000). Según los cliffistas, la contrarrevolución en la antigua URSS fue simplemente un "paso a un lado" de una forma de capitalismo a otra. Su antisovietismo rabioso de la Guerra Fría se expresó en aquel momento: "El comunismo colapsó.... Es un hecho que debe regocijar a todo socialista." (Socialist Worker, [Gran Bretaña], 31 de agosto de 1991).
Hoy, el proletariado fue arrojado hacia atrás en todo el mundo, y los imperialistas de EE.UU., sin el freno del poderío militar soviético, pueden andar sin miramientos por todo el planeta, utilizando algunas veces a la Organización de las Naciones Unidas como hoja de parra, en volviendo intervenciones militares globales en el manto del "humanitarismo". Los imperialismos rivales, especialmente Alemania y Japón, sin la restricción de la unidad antisoviética de la Guerra Fría, buscan aplacar sus propios apetitos por controlar los mercados mundiales y proyectar concomitantemente su poder militar. Estos intereses nacionales en conflicto llevaron a la ruptura de las pláticas de la OMC en Seattle el año pasado. Estas rivalidades interimperialistas demarcan guerras futuras con armas nucleares, lo cual amenaza con extinguir la vida en el planeta.
Así, la tarea de quitar el poder a los explotadores capitalistas es ahora más urgente que nunca. Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario. Hoy, las premisas básicas del marxismo auténtico deben ser motivadas contra la falsa identificación prevaleciente del colapso del estalinismo con el fracaso del comunismo. El dominio estalinista no era comunismo, sino su perversión grotesca. La burocracia estalinista, una casta parasitaria empotrada sobre el estado obrero como la burocracia asentada sobre un sindicato, surgió en el estado obrero degenerado soviético bajo condiciones de atraso económico y aislamiento debido al fracaso por extender la revolución a cualquiera de los países capitalistas avanzados. Los estalinistas dijeron que construían el "socialismo en un solo país", algo imposible, como explicó León Trotsky (y Marx y Engels antes que él), ya que el socialismo es necesariamente de extensión internacional. El "socialismo en un solo país" fue una justificación para vender revoluciones internacionalmente para aplacar al imperialismo mundial. Como lo explicó de manera brillante Trotsky en La revolución traicionada (1936), las contradicciones de la sociedad soviética no podían durar por siempre: "¿Devorará el burócrata al estado obrero, o la clase obrera lo limpiará de burócratas?" Esa contradicción se resolvió amargamente por la negativa.
Marxismo contra anarquismo y "globalización"
La gente que se llama a sí misma "anarquista" reúne una gama que va desde los golpeadores pequeñoburgueses derechistas que odian a la clase obrera y atacan a los comunistas, hasta revolucionarios subjetivos que se solidarizan con el proletariado y buscan genuinamente derrocar a la burguesía. En el último caso, el atractivo del anarquismo es un rechazo saludable al reformismo parlamentario de los socialdemócratas, los ex estalinistas y los falsos izquierdistas que promueven y mantienen el orden capitalista. De hecho, por oponerse a los falsificadores reformistas del marxismo, el mismo Lenin fue denunciado como anarquista. Cuando el líder bolchevique llegó a Rusia en abril de 1917 y llamó por una revolución obrera para derrocar al gobierno provisional capitalista, los mencheviques denunciaron a Lenin como "un candidato... ¡al trono de Bakunin!" (Sujánov, The Russian Revolution, 1917: A personal record [La Revolución Rusa, 1917: Un registro personal, 1984]). (Bakunin era el líder anarquista de la I Internacional). Como lo puso Lenin en El estado y la revolución: "Los oportunistas de la socialdemocracia actual tomaron las formas políticas burguesas del estado democrático parlamentario como límite del que no podía pasarse y se rompieron la frente de tanto prosternarse ante este ‘modelo’, considerando como anarquismo toda aspiración a romper estas formas."
No es sorprendente que haya algún resurgimiento de las creencias anarquistas, fertilizadas por el triunfalismo burgués multilateral de que "el comunismo ha muerto". La Revolución Rusa redefinió a la izquierda internacionalmente y su desmantelamiento final tiene un efecto similar a la inversa. Cuando el nuevo estado obrero era en los hechos un faro para la liberación, en el clímax de los levantamientos revolucionarios internacionales fomentados por la Revolución Rusa, los mejores de los militantes anarquistas y sindicalistas (por ejemplo James P. Cannon, Víctor Serge y Alfred Rosmer) se convirtieron en luchadores dedicados y disciplinados por el comunismo de Lenin y Trotsky. Antes de su ruptura final con el marxismo, Serge el anarquista increpó a los socialdemócratas, que llevaron a los obreros a la carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial y viajó a la Rusia soviética a apoyar al nuevo estado obrero. En el curso de la lucha contra los revanchistas contrarrevolucionarios (a quienes algunos anarquistas apoyaron de manera criminal), Serge se unió al Partido Bolchevique y escribió a sus amigos anarquistas franceses para motivar al comunismo contra el anarquismo:
"¿Qué es el Partido Comunista en épocas de revolución? Es la élite revolucionaria, poderosamente organizada, disciplinada, obedeciendo a una dirección congruente, avanzando hacia una sola meta claramente definida por los caminos trazados para ésta, mediante una doctrina científica. Siendo una fuerza tal, el partido es el producto de la necesidad; es decir, son las leyes de la historia misma. Esa élite revolucionaria que en época de violencia permanece desorganizada, indisciplinada, sin una dirección congruente y abierta a impulsos variables o contradictorios, se dirige al suicidio. No es posible ningún punto de vista contrario a esta conclusión."
—La vie ouvrière, 21 de marzo de 1922; reimpreso en The Serge-Trotsky Papers [Los archivos de Serge-Trotsky], Cotterill, ed. (1994)
La difusa popularidad del "anarquismo" entre la juventud actual es por sí misma un reflejo del retroceso en la conciencia política en el nuevo periodo político que comenzó con la derrota colosal que fue la contrarrevolución capitalista en la URSS y en Europa Oriental. En el fondo, el anarquismo es una forma de idealismo democrático radical que apela a la supuesta bondad innata, incluso de los imperialistas más rapaces, para servir a la humanidad. La Liga de los Justos (que cambió de nombre a Liga de los Comunistas alrededor del ingreso de Karl Marx en 1847) tenía como consigna principal "Todos los hombres son hermanos". Observando que había algunos hombres de los que no era ni quería ser hermano, Marx convenció a sus camaradas de cambiar la consigna a "¡Proletarios de todos los países, uníos!"
Históricamente, el anarquismo ha probado ser un obstáculo colaboracionista de clase para la liberación de los oprimidos. Uniéndose a los Ejércitos Blancos contrarrevolucionarios, algunos anarquistas saludaron el levantamiento de Kronstadt contra la Revolución Rusa, y Kronstadt sigue siendo una piedra de toque anticomunista para los anarquistas de hoy. Durante la Guerra Civil española, los anarquistas se convirtieron en ministros del gobierno del frente popular que desarmó y reprimió la lucha armada de los obreros contra el capitalismo, abriendo el camino a las décadas de dictadura franquista.
Hoy, las diferencias fundamentales entre el marxismo revolucionario y el idealismo liberal anarquista también se pueden ver en las protestas contra la "globalización". La noción de que las grandes corporaciones capitalistas trascienden actualmente el sistema de estado-nación y dominan el mundo a través de instituciones como el FMI y la OMC es falsa hasta la médula. La "globalización" es una versión actual de la idea del "ultraimperialismo" propuesta por el socialdemócrata alemán Karl Kautsky, quien arguyó que los capitalistas de diferentes países pueden resolver sus conflictos de intereses con medios pacíficos (incluso democráticos). Como señalamos en nuestro folleto Imperialism, the "Global Economy" and Labor Reformism [El imperialismo, la "economía global" y el reformismo obrero]: "Las firmas llamadas multinacionales o trasnacionales no operan por encima ni independientemente del sistema de estado-nación; más bien, dependen vitalmente de sus estados burgueses nacionales para proteger sus inversiones más allá de sus fronteras de la oposición popular y de los estados capitalistas rivales. De allí que los estados imperialistas deben mantener poderosas fuerzas militares y la correspondiente base industrial doméstica."
Muchas organizaciones que apoyan la movilización de Praga piden un "control democrático" del FMI o del Banco Mundial para mejorar las condiciones de la gente del "Sur Global" (Asia, África y América Latina). El PDS alemán (Partido del Socialismo Democrático) argumenta que el trabajo del FMI y del Banco Mundial debe hacerse más transparente y está por una Organización de las Naciones Unidas genuinamente internacional. Hemos llamado "imperialismo de los derechos humanos" a estas apelaciones a la acción, en nombre de los obreros y de los oprimidos, a los opresores y amos directos imperialistas. No sólo son absurdas, sino que estas apelaciones a que el imperialismo se vuelva de alguna manera más responsable y humanitario, son reaccionarias porque crean ilusiones mortales en que la dictadura de la burguesía en sus adornos "democráticos" pueden de alguna manera ser el agente del cambio social a favor de los obreros y de los oprimidos. Esta mentira ata a los explotados a sus explotadores y traza un callejón sin salida para la lucha social.
La idea de que una Organización de las Naciones Unidas "global" puede actuar a favor de los intereses de la humanidad es una mentira que enmascara los mecanismos económicos del imperialismo capitalista. El imperialismo no es una política basada en "malas ideas", sino que es integral para el funcionamiento del sistema basado en la propiedad privada, la extracción de ganancias y la necesidad del capitalismo de conquistar nuevos mercados. Como explicó Lenin respecto a la antecesora de la ONU, la Liga de las Naciones: "Resultó que la Liga de las Naciones no existe, que la alianza de las potencias capitalistas es puro engaño y que, en realidad, es una alianza de asaltantes, cada uno de los cuales trata de arrebatar algo al otro.... La propiedad privada es un robo, y un Estado basado en la propiedad privada es un Estado de asaltantes que hacen la guerra para el reparto del botín." (Discurso en la conferencia de presidentes de comités ejecutivos de distritos, subdistritos rurales y aldeas de la provincia de Moscú", 15 de octubre de 1920).
La primera intervención de la ONU (1950-53) fue una "acción policiaca" contra los estados obreros deformados norcoreano y chino, masacrando a hasta cuatro millones de corea nos. Una década después, la intervención militar asesina en el antiguo Congo Belga fue dirigida bajo los auspicios de la ONU e incluyó el asesinato del nacionalista de izquierda Patrice Lumumba. En el extremo izquierdo del espectro anarquista aparece un artículo en la "página de internet A-Infos" anarquista, que sobresale entre los constructores de la manifestación de Praga por su aguda oposición a rogarle al enemigo de clase que actúe con moralidad y "cancele la deuda del Tercer Mundo". Llaman a aplastar al FMI y al Banco Mundial, y proponen: "Las demandas directas se colocarán no sobre los apaciguadores y compañía, sino sobre las organizaciones obreras y sus direcciones reformistas para desechar al FMI-Banco Mundial y para cancelar la deuda trillonaria ¡YA!" Pero el mundo no se cambiará mediante consignas lanzadas en una gran manifestación o incluso en una gran huelga, y las direcciones reformistas a las que llaman apoyan al imperialismo capitalista. ¿Cómo llegamos entonces del capitalismo al socialismo? Esa es la pregunta para la cual el anarquismo no tiene respuesta.
La teoría marxista y el modelo de los bolcheviques de Lenin dirigiendo a la clase obrera al poder estatal en la Revolución Rusa de octubre de 1917 es la única solución revolucionaria. Los obreros no pueden tomar la maquinaria del estado capitalista y "reformarla" en el interés de los oprimidos. Deben luchar por el poder, aplastando al estado capitalista y creando un estado obrero –una dictadura del proletariado— que aplastará la resistencia contrarrevolucionaria de los antiguos gobernantes capitalistas. Los bolcheviques de Lenin cancelaron la deuda acumulada por el zar y la burguesía rusa al tomar el poder y negarse a pagarla. Esto fue parte de la perspectiva revolucionaria internacionalista de los bolcheviques; contra el apaciguamiento del imperialismo, lucharon por extender el Octubre ruso a una revolución socialista mundial. Entendieron que no podía construirse el socialismo en un solo país.
Contra los aspectos reaccionarios predicados por los anarquistas tradicionales como Prudhon y de los que hoy hacen eco los "verdes" pequeñoburgueses, de que los trabajadores no deben aspirar al bienestar, sino que deben vivir en una existencia espartana comunal, nosotros los marxistas luchamos por la eliminación de la escasez, por una sociedad donde los trabajadores disfruten los frutos de su trabajo que hoy expropian los capitalistas. Decirle a los trabajadores que "aprieten el cinturón" es, de hecho, el programa del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, mediante las políticas hambreadoras de "austeridad" impuestas a las masas del "Tercer Mundo". En nombre de "defender al medio ambiente", los partidos verdes que están ahora en las coaliciones gobernantes en Alemania y en Francia son aún más agresivos que los socialdemócratas imponiendo la "austeridad" capitalista. Frente a las recientes protestas masivas contra los precios extorsionados del combustible, los verdes franceses se opusieron a la concesión del primer ministro socialista de reducir el impuesto al combustible en un 15 por ciento.
En contraste con el impulso anarquista/verde de detener el avance técnico y reducir el nivel de consumo, nosotros los marxistas tomamos el lado de Big Bill Haywood, un dirigente de los IWW (Obreros Industriales del Mundo, conocidos como los "Wobblies"). Cuando un camarada le reprochó que fumara un buen puro, respondió: "¡Nada es demasiado bueno para el proletariado!" Los marxistas reconocemos que la historia del progreso humano ha sido una lucha por dominar a las fuerzas de la naturaleza. El desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales fue una incursión exitosa dentro de la "ecología natural" del planeta, que creó un excedente social, abriendo un camino hacia delante partiendo de la breve y brutal lucha por la subsistencia diaria en la sociedad humana temprana. Para extender a las masas empobrecidas del "Tercer Mundo" todas las cosas de las que gozan los izquierdistas pequeñoburgueses occidentales —electricidad, escuelas, agua limpia potable, medicinas, transporte público, computadoras— se requiere un gigantesco avance en la capacidad industrial y técnica. Ese avance requiere de una revolución internacional victoriosa dirigida por una vanguardia revolucionaria consciente, para hacer consciente a la clase obrera de su misión y para arrebatarla del grillete de los reformistas y seudorrevolucionarios, lacayos del capitalismo.
Es precisamente el servicio leal de los "verdes" nacionalistas burgueses a la clase dominante lo que los lleva a ignorar los más grandes desastres ecológicos del planeta. Así, Joschka Fisher, el ministro verde de asuntos exteriores del IV Reich, apoyó el bombardeo a Serbia de manera vociferante. Los Balcanes están ahora asolados por las cápsulas de uranio residuales y el agua envenenada, y la destrucción de la infraestructura industrial y social moderna significa que la verdadera cuenta de muertos de la guerra de los Balcanes será engrosada por muchos años. Con "verdes" como estos, ¿quién necesita al Doctor Insólito, a I.G. Farben o a la Dow Chemical Company?
De la misma manera, la Guerra del Golfo contra Irak en 1991 destruyó una de las sociedades más avanzadas en la región. Hace diez años, la tasa de mortandad infantil en Irak estaba entre las más bajas del mundo y hoy es la mayor; una sociedad cuya avasalladora mayoría sabía leer y escribir y tenía acceso al servicio médico, ahora muere literalmente de hambre, gracias al bloqueo continuo de la Organización de las Naciones Unidas. Los llamados "izquierdistas" que se opusieron a la guerra devastadora contra Irak contrapusieron las sanciones de la ONU como una alternativa "humanitaria". La LCI se opuso a las sanciones como un acto de guerra que ha matado a más gente que las bombas. El apoyo de la falsa izquierda a los sangrientos crímenes del "imperialismo de los derechos humanos" es la única explicación del estruendoso silencio sobre estas cuestiones en cualquier propaganda oficial para las protestas "anti-globalización" en Seattle, Washington D.C. y Praga. La LCR francesa llamó abiertamente por una intervención militar imperialista en Kosovo bajo el control de la OCSE [Organización para la Cooperación y la Seguridad Europea] o de la ONU (Rouge, 1º de abril de 1999). La LICR (Workers Power) hizo campaña abiertamente por la derrota de las fuerzas serbias ante el ELK, herramienta del imperialismo de la OTAN; compartió una plataforma en Londres con entusiastas del bombardeo de la OTAN y celebró el retiro de las fuerzas serbias, proclamando estúpidamente que "en la secuela de la victoria de la OTAN en Kosovo una situación prerrevolucionaria está madurando" ("La lucha por derrotar a Milosevic en Serbia", 11 de agosto de 1999, declaración de la LICR).
En contraste, la LCI luchó en todas partes por la defensa militar de Serbia contra el imperialismo de EE.UU./ONU/OTAN, sin dar ni un miligramo de apoyo político al chovinista serbio Milosevic, de la misma forma en la que anteriormente luchamos por movilizar al proletariado en la Guerra del Golfo por la derrota del imperialismo y tomamos abiertamente la defensa de Irak (ver la declaración de la LCI sobre la guerra en los Balcanes, abril de 1999 en Spartacist [núm. 30]). Los internacionalistas revolucionarios luchan por la derrota de "su propia" burguesía y por la defensa de las víctimas de la guerra imperialista. La orgía de socialchovinismo de los supuestos izquierdistas es un reflejo directo de su apoyo a los gobiernos europeos que impulsaron la Guerra de los Balcanes. Hace dos años, el SWP británico [el cliffista Socialist Workers Party] hizo una campaña a favor de y se declaró a sí mismo "por encima de la luna" por la elección de Tony Blair, quien era el más grande halcón de la OTAN en Europa. Mientras que posaban a la izquierda en la guerra en los Balcanes contra la cobarde multitud del "pobrecito Kosovo", el SWP mostró su juego en su repugnante apoyo al "Nuevo" Laborismo de Tony Benn, cuya oposición a la guerra estuvo empapada del antiamericanismo chovinista de la "Pequeña Inglaterra". ¡Argüir que los cerdos imperialistas de Europa deben dirigir directamente la guerra en lugar de los estadounidenses difícilmente es un movimiento contra la guerra!
Al extremo derecho de este espectro nacionalista están los fascistas. El año pasado, los nazis alemanes marcharon contra la guerra en los Balcanes con consignas como "¡Ni una gota de sangre alemana por los intereses extranjeros!" El antiamericanismo nacionalista con el que el movimiento europeo contra la "globalización" se empapa profundamente, se transforma en fascismo abierto. Las organizaciones fascistas checas planean montar una provocación para su programa genocida en Praga el 23 de septiembre.
En el crisol de la primera guerra de importancia en Europa en cincuenta años, los falsos "trotskistas" demostraron ser productos en descomposición de la "muerte del comunismo". Hoy compiten por la posición para arrebatar el control del "movimiento antiglobalización". Sólo un tonto puede confiar en que los grupos que ayudaron a llevar a los actuales gobiernos capitalistas europeos al poder puedan ahora luchar contra estos gobiernos, sus bancos e instituciones en el interés de los oprimidos. Lejos de ser una alternativa marxista al anarquismo, los seudotrotskistas son oponentes activos del marxismo revolucionario encarnado en el programa y la prácticas de la LCI.
Las bases materiales del oportunismo y el chovinismo nacional
La ideología burguesa —por ejemplo el nacionalismo, el patriotismo, el racismo y la religión— penetra dentro de la clase obrera centralmente a través de la agencia de los "lugartenientes del capital dentro del movimiento obrero", las burocracias sindicales parasitarias basadas en un estrato superior privilegiado de la clase obrera. Si no son reemplazados por una dirección revolucionaria, estos reformistas dejarán a la clase obrera indefensa frente a los ataques capitalistas y permitirán que se destruya a las organizaciones del proletariado, o las dejarán impotentes al atar crecientemente a los sindicatos al estado capitalista. En su trabajo de 1916, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin explicó:
"La obtención de elevadas ganancias monopolistas por los capitalistas de una de las numerosas ramas de la industria, de uno de los numerosos países, etc., da a los mismos la posibilidad económica de sobornar a ciertos sectores obreros, y, temporalmente, a una minoría bastante considerable de los mismos, atrayéndolos al lado de la burguesía de una determinada rama industrial o de una determinada nación contra todas las demás. El antagonismo cada día más intenso de las naciones imperialistas, provocado por el reparto del mundo, refuerza esta tendencia. Es así como se crea el lazo entre el imperialismo y el oportunismo... Lo más peligroso en este sentido son las gentes [como el menchevique Mártov] que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se haya ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa."
El chovinismo nacional y la cobarde capitulación de los organizadores de un movimiento contra la "globalización" son abundantemente evidentes. Así, los organizadores sindicales de la protesta de Seattle contra la OMC se unieron a las fuerzas anticomunistas de extrema derecha, denunciando el "trabajo esclavizado" en los estados obreros deformados chino y vietnamita. Se arrojó acero chino a la bahía y los letreros proclamaban "Primero la gente, no China". Ilustrando por qué Trotsky describió a la burocracia obrera norteamericana como la herramienta ideal de Wall Street para el dominio imperialista de América Latina, las cúpulas sindicales norteamericanas hicieron una campaña para vetar a los camioneros mexicanos de trabajar en EE.UU. No por nada, en América Latina la AFL-CIO es popularmente conocida como la "AFL-CIA". ¡Increíblemente, la Rifondazzione Comunista italiana y los seudotrotskistas del agrupamiento Proposta sostienen a la "dirección" de la AFL-CIA como un modelo a imitar para los trabajadores europeos (véase Proposta núm. 27, enero de 2000)!
Antes de Praga, el SWP británico trabajó poderosamente en la promoción de una manifestación sindical laborista en defensa de salvar los empleos británicos de la fábrica automotriz Rover. Esta manifestación fue un mar de banderas inglesas y de virulento chovinismo antialemán que pone a los obreros británicos contra los alemanes y ata a los primeros a la clase dominante británica. Consignas como "La Gran Bretaña ganó dos guerras mundiales—ganemos la tercera" dan una probada del veneno. Después de lo sucedido en Rover, el SWP se enterró en una campaña a favor de Ken Livingstone a la alcaldía de Londres; un político laborista que fue un vociferante exponente del terror imperialista contra Serbia y desató a la fuerza policiaca en casa. Cuando los manifestantes anarquistas profanaron irreverentemente los símbolos del imperialismo británico en una protesta del Día del Trabajo en Londres, el SWP se alejó por temor de avergonzar a su candidato a la alcaldía de Londres, el "Rojo" Ken Livingstone. Livingstone endosó la represión policiaca a los manifestantes del Día del Trabajo, muchos de los cuales continúan languideciendo en prisión o enfrentan cargos.
En Francia, José Bové dirige masas en protesta contra McDonald’s y las incursiones de la comida rápida norteamericana dentro del pala dar francés. Nuestro interés es organizar a las fuerzas laborales terriblemente mal pagadas en estas cadenas de comida rápida, sin importar cuál sea su propiedad nacional o su "cuisine". Además, si las preferencias culturales o culinarias son sinónimo de "imperialismo"; entonces, para las pocas luces de Bové, mejor preocupémonos por los italianos, porque la gente adora la pizza y ahora se vende en todas partes desde las Islas Aleutianas hasta el Amazonas. ¡¿O fue "imperialismo" cuando una máquina particular alemana, o sea, la imprenta, conquistó el mundo e hizo posible la alfabetización masiva?!
Hablando más en serio, el chovinismo nacional y el oportunismo de las cúpulas obreras de la falsa izquierda envenenan la conciencia de clase y la solidaridad entre los obreros al fomentar las divisiones religiosas, nacionales y étnicas. En años recientes, esto ha alcanzado un grado febril en el frenesí antiinmigrante. Esto amenaza la unidad y la integridad del proletariado como clase para resistir los ataques de los capitalistas y su estado. Como se señaló en la declaración de principios de la LCI (Spartacist [edición en español] núm. 29, otoño-invierno de 1998):
"El capitalismo moderno, es decir, el imperialismo, que alcanza todas las regiones del planeta, en el curso de la lucha de clases y conforme la necesidad económica lo exige, introduce al proletariado por sus estratos más bajos nuevas fuentes de mano de obra más barata, principalmente inmigrantes de otras regiones del mundo, más pobres y menos desarrolladas; trabajadores con pocos derechos que son considerados más desechables en tiempos de contracción económica. Así, el capitalismo, en forma continua crea estratos diferentes entre los obreros; mientras, simultáneamente, amalgama obreros de muchas tierras diferentes."
En el acuerdo Schengen, las potencias europeas cerraron sus fronteras a los inmigrantes, muchos de los cuales huyeron de la destrucción contrarrevolucionaria de Europa Oriental. Las políticas racistas antiinmigrantes de los socialdemócratas actualmente en el gobierno hacen eco a la demagogia de los nazis de "el barco está lleno" y ciertamente alimentan el terror fascista. Mientras tanto, los gobiernos socialdemócratas de frente popular a lo largo de Europa (gobiernos de coalición que involucran a partidos obreros reformistas y a partidos burgueses) arrullan peligrosamente a los obreros con ilusiones parlamentarias de que los socialdemócratas, cuyas propias políticas han pavimentado el camino a los fascistas, "prohibirán" a los fascistas. Tales prohibiciones han servido históricamente sólo para retocar la imagen de la misma burguesía que recurre al fascismo cuando ve amenazado su dominio. Históricamente, tales prohibiciones contra los "extremistas" se han utilizado contra la izquierda, no contra la derecha. En Alemania, en el periodo inmediato de la posguerra, en 1952, se prohibió un pequeño partido neonazi para retocar cosméticamente las credenciales "democráticas" de los herederos del III Reich, quienes reconstruyeron a la Alemania capitalista bajo los auspicios del imperialismo estadounidense. El verdadero propósito fue "justificar" una prohibición constitucional contra el Partido Comunista Alemán en 1956. Exigimos: ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes! ¡Ninguna con fianza en el estado burgués! ¡Por movilizaciones obreras y de minorías para detener a los fascistas!
El partido es el instrumento de la revolución socialista
El partido leninista es el instrumento para llevar la conciencia revolucionaria al proletariado, para organizar las luchas proletarias y guiarlas a la consolidación victoriosa en una revolución socialista. Un partido revolucionario debe luchar contra todos los casos de injusticia social y contra todas las manifestaciones de opresión. Es central a nuestra tarea el combatir todos los casos de opresión a las mujeres y "toda la antigua basura" que ha regresado con el oscurantismo religioso, los ataques contra los derechos al aborto y el fanatismo antigay. Soldar la audacia de la juventud al poder social del proletariado es crucial a la lucha por una nueva sociedad socialista.
Nuestro objetivo es una dirección revolucionaria cuyos cuadros deben probarse y entrenarse en la lucha de clases. El camino hacia delante es que las ahora pequeñas fuerzas adheridas al programa de Lenin y Trotsky forjen partidos con la experiencia, la voluntad revolucionaria y la autoridad entre las masas para dirigir revoluciones proletarias exitosas. Nada menos que una IV Internacional trotskista reforjada será suficiente para la tarea de dirigir a los obreros y a los oprimidos a la victoria del socialismo mundial. No tenemos ilusiones en que éste será un camino fácil y reconocemos que la posesión de la tecnología para un holocausto nuclear por una clase dominante irracional y genocida acorta las posibilidades: no queda mucho tiempo.
Nos guiamos por el programa y las prácticas del comunismo auténtico. Como escribió Trotsky en "La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional" (1938):
"Mirar la realidad de frente, no ceder a la línea de menor resistencia; llamar al pan pan y al vino vino; decir la verdad a las masas, por amarga que sea; no tener miedo de los obstáculos; ser exacto tanto en las cosas pequeñas como en las grandes; basar el programa propio en la lógica de la lucha de clases; ser audaz cuando llega la hora de la acción: tales son las reglas de la IV Internacional."
¡Únete a la Liga Comunista Internacional!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/PRAGUE.HTM
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2015.07.15 14:34 qryq 2º Encuentro Mundial de Movimientos Populares en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Intervención de Francisco I (1)

Hermanos y hermanas, buenas tardes.
Hace algunos meses nos reunimos en Roma y tengo presente ese primer encuentro. durante este tiempo los he llevado en mi corazón y en mis oraciones. Y me alegra verlos de nuevo aquí, debatiendo los mejores caminos para superar las graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en todo el mundo.
Gracias, Señor Presidente Evo Morales, por acompañar tan decididamente este Encuentro. Aquella vez en Roma sentí algo muy lindo: fraternidad, garra, entrega, sed de justicia.
Hoy, en Santa Cruz de la Sierra vuelvo a sentir lo mismo. Gracias por eso.
También he sabido por medio del Pontificio Consejo Justicia y Paz, que preside el cardenal Turkson, que son muchos en la Iglesia los que se sienten más cercanos a los movimientos populares. Me alegra tanto ver la Iglesia con las puertas abiertas a todos ustedes, que se involucre, acompañe y logre sistematizar en cada Diócesis, en cada Comisión de Justicia y Paz, una colaboración real, permanente y comprometida con los movimientos populares. Los invito a todos, obispos, sacerdotes y laicos, junto a las organizaciones sociales de las periferias urbanas y rurales, a profundizar ese encuentro.
La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de ustedes: las famosas "tres T": tierra, techo y trabajo, para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.
Primero de todo, empecemos reconociendo que necesitamos un cambio. Quiero aclarar, para que no haya malos entendidos, que hablo de los problemas comunes de todos los latinoamericanos y, en general de toda la humanidad. Problemas que tienen un matiz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo. Hecha esta aclaración, propongo que nos hagamos estas preguntas:
¿Reconocemos, en serio, que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?
¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?
Entonces, si reconocemos esto, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio.
Ustedes -en sus cartas y en nuestros encuentros- me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas.
Hay, sin embargo un hilo invisible que une cada una de las exclusiones. No están aisladas, están unidas por un hilo invisible. ¿Podemos reconocerlo? Porque no se trata de esas cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que esas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que ese sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?
Si esto es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos...
Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre tierra, como decía San Francisco.
Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana, también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir a esta globalización de la exclusión y de la indiferencia.
Quisiera reflexionar con ustedes sobre el cambio que queremos y necesitamos.
Ustedes saben que escribí recientemente sobre los problemas del cambio climático. Pero esta vez, quiero hablar en un cambio en otro sentido. Un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio -podríamos decir- redentor. Porque lo necesitamos. Sé que ustedes buscan un cambio y no sólo ustedes: en los distintos encuentros, en los distintos viajes he comprobado que existe una espera, una fuerte búsqueda, un anhelo de cambio en todos los pueblos del mundo. Incluso dentro de esa minoría cada vez más reducida que cree beneficiarse con este sistema, reina la insatisfacción y especialmente la tristeza.
El tiempo, hermanos, hermanas, el tiempo parece que se estuviera agotando; no alcanzó el pelearnos entre nosotros, sino que nos ensañamos con nuestra casa. Hoy la comunidad científica acepta lo que desde hace mucho tiempo denuncian los humildes: se están produciendo daños tal vez irreversibles en el ecosistema. Se está castigando la Tierra, a los pueblos y a las personas de un modo casi salvaje. Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea -uno de los primeros teólogos de la Iglesia- llamaba <>, la ambición desenfrenada de dinero que gobierna. Ese es el <>. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común, la hermana madre tierra.
No quiero extenderme describiendo los efectos malignos de esta sutil dictadura: ustedes los conocen. Tampoco basta, con señalar las causas estructurales del drama social y ambiental contemporáneo. Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán o a regodearnos en lo negativo. Al ver la crónica negra de cada día, creemos que no hay nada que se pueda hacer salvo cuidarse a uno mismo y al pequeños círculo de la familia y los afectos.
¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo, artesano, vendedor ambulante, trabajador excluido, si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador, que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío, cuando soy diaramente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para su problemas?
Pueden hacer mucho. Puede hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden hacer mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de las "tres T". ¿De acuerdo? Trabajo, techo y tierra. Y también, en su participación protagonista en los grandes procesos de cambio, cambios nacionales, cambios regionales, cambios mundiales. ¡No se achiquen!.
Segundo. Ustedes son sembradores de cambio. Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho: "proceso de cambio". El cambio concebido no como algo que un día llegará porque se impuso tal o cual opción política o porque se instauró tal o cual estructura social. Dolorosamente sabemos que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir. Hay que cambiar el corazón. Por eso me gusta tanto la imagen del proceso, los procesos, donde la pasión por sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer, reemplaza la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver resultados inmediatos. La opción es por generar procesos y no en ocupar espacios. Cada uno de nosotros no es más que una parte de un todo complejo y diverso interactuando en el tiempo: pueblos que luchan por una significación, por un destino, por vivir con dignidad, por "vivir bien", dignamente, en ese sentido.
Ustedes desde los movimientos populares, asumen las labores de siempre motivados por el amor fraterno que se rebela contra la injusticia social. Cuando miramos el rostro de los que sufren, el rostro del campesino amenazado, del trabajador excluido, del indígena oprimido, de la familia sin techo, del emigrante perseguido, del joven desocupado, del niño explotado, de la madre que perdió a su hijo en un tiroteo porque el barrio fue copado por el narcotráfico, el padre que perdió a su hija porque fue sometida a esclavitud; cuando recordamos esos "rostros y esos nombres", se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos, todos nos conmovemos... Porque "hemos visto y oído" no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne. Eso es distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante. Eso nos conmueve, nos mueve y buscamos al otro para movernos juntos. Esa emoción hecha comunitaria no se comprende únicamente con la razón: tiene un plus de sentido que sólo los pueblos entienden y que da su mística particular a los verdaderos movimientos populares.
Ustedes viven cada día empapados en el nudo de la tormenta humana. Me han hablado de sus causas, me han hecho parte de sus luchas, ya desde Buenos Aires, y yo se lo agradezco. Ustedes, queridos hermanos, trabajan muchas veces en los pequeño, en lo cercano,en la realidad injusta que se les impuso y a la que no se resignan, oponiendo una resistencia activa al sistema idolátrico que excluye, degrada y mata. Los he visto trabajar incansablemente por la tierra y la agricultura campesina, por sus territorios y comunidades, por la dignificación de la economía popular, por la integración urbana de sus villas y asentamientos, por la autoconstrucción de viviendas y el desarrollo de infraestructura barrial, y en tantas actividades comunitarias que tiende a la reafirmación de algo tan elemental e innegable como el derecho a las "tres T": tierra, techo y trabajo.
Ese arraigo al barrio, a la tierra, al oficio, al genio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias, porque las hay, y sus heroísmos cotidianos, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos, sino a partir del encuentro genuino entre personas. Necesitamos instaurar esta cultura del encuentro, porque ni los conceptos ni las ideas se aman. Nadie ama un concepto, nadie ama una idea; se aman las personas. La entrega, la verdadera entrega surge del amor de los hombres y mujeres, niños y ancianos, pueblos y comunidades... rostros, rostros y nombres que llenan el corazón. De esas semillas de esperanza sembradas pacientemente en las periferias olvidadas del planeta, de esos brotes de ternura que lucha por subsistir en la oscuridad de los excluidos, crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo.
Veo con alegría que ustedes trabajan en lo cercano, cuidando los brotes; pero a la vez, con una perspectiva amplia, protegiendo la arboleda. Trabajan en una perspectiva que no sólo aborda la realidad sectorial que cada uno de ustedes representa y a la que felizmente está arraigado, sino que también buscan resolver de raíz los problemas generales de pobreza, desigualdad y exclusión.
Les felicito por eso. Es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los pueblos y las organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente. Ustedes son sembradores del cambio. Que Dios les dé coraje, les dé alegría, les dé perseverancia y pasión para seguir sembrando. Tengo la certeza que tarde temprano vamos a ver los frutos.
A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas, pero, si ustedes construyen sobre bases sociales, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar.
La Iglesia no puede ni debe estar ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio. Muchos sacerdotes, monjas y agentes pastorales cumplen una enorme tarea acompañando y promoviendo a los excluidos de todo el mundo, junto a cooperativas, impulsando emprendimientos, construyendo viviendas, trabajando abnegadamente en los campos de salud, el deporte y la educación. Estoy convencido que la colaboración respetuosa con los movimientos populares pueden potenciar estos esfuerzos y fortalecer los procesos de cambio.
 CONTINUARÁ... 
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